Inaceptable reacción colombiana

La reacción del presidente de Colombia, de rechazo airado al fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en torno a un diferendo de límites marítimos entre ese país y Nicaragua, constituye un atentado contra la legalidad internacional que desluce la tradición jurídica de la que históricamente se han enorgullecido los colombianos.

| 20 noviembre 2012 12:11 AM | La Primera Palabra | 651 Lecturas
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Ha reaccionado así el gobernante vecino ante el fallo que, si bien reconoce la soberanía colombiana en siete cayos del archipiélago de San Andrés, también consagra los derechos de Nicaragua a su espacio marítimo, ante lo cual el primer mandatario colombiano ha dicho algo grave, que no acepta el dictamen.

Ello no solo equivale a sostener que si no le dan la razón en todo patea el tablero y se declara en rebeldía, sino que es una actitud que pretende desconocer el hecho que quienes se someten a la Corte Internacional de Justicia de La Haya lo hacen asumiendo que sus fallos son inapelables, irrevisables y de cumplimiento obligatorio, en todos sus alcances, como ha ocurrido siempre cuando de temas territoriales se ha tratado.

Nadie puede, pues, pretender que la Corte, máxima instancia de solución pacífica y civilizada de controversias entre las naciones, modifique al antojo del reclamante lo que ha dictaminado tras un largo proceso en el que los jueces han escuchado y analizado minuciosamente las posiciones de las partes y han estudiado en profundidad todos los aspectos jurídicos e históricos del tema materia de litigio.

Es de esperar que la actitud del gobernante colombiano no pase de ser el ejercicio del tan latinoamericano derecho al pataleo, y que el sentido común y el deber de preservar la credibilidad y la imagen de Colombia prevalezcan y este hermano país se mantenga en el campo de la legalidad y la convivencia civilizada entre las naciones.

En el caso del proceso que confrontan el Perú y Chile, los dos gobiernos han manifestado más de una vez, en conjunto y por separado, que acatarán el fallo de La Haya cualquiera que sea y que, independientemente de previsibles tensiones producto del calor del litigio, esa sentencia debe marcar el inicio de una etapa de desarrollo de las relaciones bilaterales, en la que prime la confianza y se eliminen actitudes negativas como la imposición o la amenaza del uso de la fuerza.

Es importante señalar que, pese a que el fallo de La Haya en el caso Colombia-Nicaragua está referido también a la delimitación marítima, personeros de ambos países han descartado analogías o paralelismos, y el coagente del Perú ante ese tribunal ha señalado como diferencia fundamental entre ese caso y el de Perú-Chile, el que Colombia y Nicaragua litigan con la referencia de un tratado de límites existente, mientras en el diferendo entre Perú y Chile el tema de fondo es que no hay ningún tratado que defina la frontera marítima entre ambos países.


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