Importante reto

La decisión de la directiva del Congreso de la República de dejar sin efecto la creación, que había aprobado por consenso, del programa Gestores para el Desarrollo, ha sido motivo de celebración por los representantes de la política tradicional y los medios que los sirven y que rinden culto a la práctica de torpedear todo aquello de positivo y participativo que pueda emprenderse desde el Estado y la sociedad civil, para perfeccionar la democracia y hacer que sus beneficios y los que genera el desarrollo, alcance a los pueblos alejados y olvidados, y los comprometa con la defensa del sistema democrático, en su calidad de partícipes de sus bondades.

| 08 marzo 2012 12:03 AM | La Primera Palabra | 1.5k Lecturas
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Festejan como si pudiera ser motivo de orgullo el haberse echado abajo un mecanismo de atención a los marginados que existe en muchos países del mundo, habida cuenta que el rol del Poder Legislativo no es solo legislar, como pretenden quienes quieren mantenerlo enrejado y ajeno a la realidad y al palpitar de la sociedad, sino representar a sus electores y velar por sus intereses, sin cortapisas y sin que esa importante labor pueda ser tomada como intromisión o interferencia en la jurisdicción de otros poderes.

Al tomar la decisión bajo una incalificable presión política y mediática, sin embargo, el Consejo Directivo del Congreso ha asumido también un importante reto, al crear una comisión destinada a establecer un procedimiento que haga que los legisladores puedan cumplir adecuadamente la importante misión de representar a los electores, lo que, dicho sea de paso, confirma en su enunciado que tal representación no estaba desempeñándose adecuadamente y se justificaba la búsqueda de mecanismos prácticos como el programa cancelado.

El reto ha sido asumido ante miles de comunidades que no sienten la presencia del Estado desde hace decenios y en algunos casos desde el inicio de la República y que estarán atentas para ver si esta vez el Congreso sí cumple su cometido y sus obligaciones constitucionales.

Y en primera fila estarán a la expectativa los 300 municipios que iban a ser atendidos por el Programa de Gestores y que habían pedido la creación de este y demandado su permanencia, siendo, como ha ocurrido siempre, ignorados por quienes creen que la política se reduce a la manipulación centralista y mediática.

Esos distritos del Perú profundo, olvidados y marginados de los beneficios del crecimiento económico, como toda la ciudadanía conciente, esperan ver si existe real voluntad de atenderlos y cercar al Legislativo o al pueblo o, por el contrario, la secante politiquería criolla solo se proponía en su conspiración destruir la imagen del presidente del Congreso para después ir por más y satisfacer su enfermiza codicia de recuperar el manejo del poder estatal que perdieron en las urnas.


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