Hora de distensión

La atinada decisión del gobierno de levantar el estado de emergencia decretado el 3 de julio en tres provincias de la región Cajamarca –por problemas de convulsión social que dejaron un saldo luctuoso- contribuye a consolidar el clima de distensión alcanzado en Cajamarca como producto del concurso de diversos factores, principalmente, la ratificación oficial de que el proyecto minero Conga no se ejecutará en tanto no esté plena y fehacientemente garantizado el suministro de agua para el consumo de la población y para la agricultura y la ganadería.

| 02 setiembre 2012 12:09 AM | La Primera Palabra | 740 Lecturas
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Primero, el agua es una condición compartida en forma unánime por los peruanos, independientemente de que estén a favor o en contra del referido proyecto que ha generado tanto conflicto, con tan lamentables resultados para el país.

Al anunciar que el estado de emergencia no será prorrogado nuevamente tras cumplir 60 días de vigencia, el Ejecutivo crea las condiciones óptimas para un diálogo que abarque no solo el proyecto en cuestión, según lo han señalado los facilitadores religiosos que promovieron y buscaron sentar en la mesa a las partes involucradas, sin poder lograrlo por la intransigencia de quienes no parecen interesados en una salida consensual y pacífica a la controversia, sino que preferían especular políticamente con situaciones de tensión y enfrentamiento.

Nadie duda, por cierto, que, una vez establecida la promesa de que no habrá Conga mientras no haya garantías sólidas y obras que aseguran la provisión y la preservación del agua, resulta pertinente tratar en el diálogo los problemas de fondo de Cajamarca, como la lucha contra la pobreza y por el desarrollo de un pueblo, históricamente maltratado por una minería depredadora y ajena a inquietudes sociales, que merece un destino mejor, por las grandes riquezas que guarda ese territorio.

Mientras la ciudadanía comparte este tipo de reflexiones, resultan impertinentes y patéticas las voces que reclaman mano dura en vez de distensión y diálogo, como si los hechos, la experiencia concreta, no hubieran sido lo suficientemente contundentes, para demostrar que esa receta, de tufillo represivo, está fracasada.

Y, si el tema no fuera tan serio por tener que ver con los intereses de una apreciada región y del país entero, podríamos decir que es risible la equívoca promesa de un exgobernante con cuentas por saldar con la ética y la justicia, que, con su usual arrogancia, ofrece sacar adelante Conga con la anuencia del pueblo; como si no supiéramos que despreciar e ignorar al pueblo fue su estilo de gobierno.

Fue por ese desprecio que, cuando estaba por dejar la presidencia, entre gallos y medianoche, dio pase a ese proyecto, sin tener la decencia de dejarle la decisión a su sucesor, al que más bien, le dejó una verdadera bomba de tiempo.

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