Hay que esclarecer

Ninguna duda debe quedar sobre la denuncia de un supuesto o posible espionaje electrónico a un congresista de la República, mediante un procedimiento judicial de escucha que no debió aplicarse por la investidura del legislador, en el marco de la investigación del escandaloso caso del espionaje electrónico practicado por un periodista de un diario local, con alegados fines informativos.

| 12 junio 2012 12:06 AM | La Primera Palabra | 880 Lecturas
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Los denunciantes dicen ver en el hecho la acción aviesa de sectores tenebrosos que sirvieron a la pasada dictadura para fines antidemocráticos como la clausura del Congreso, acción clave para la instauración de la dictadura cuyo rebrote o retorno, paradójicamente, favorecieron en el pasado proceso electoral quienes repudian hoy esos métodos.

Ha hecho bien el Presidente del Congreso de la República en solidarizarse con el parlamentario víctima de la acción indebida y salir al frente de insinuaciones y acusaciones que le endilgan una medida que, según afirma y ratifican el Poder Judicial y el Ministerio Público, corresponde al ámbito de estos y a la investigación del escabroso caso del espionaje de correos electrónicos.

El caso debe esclarecerse sin margen de dudas no solamente para despejar las denuncias e insinuaciones que achacan al gobierno lo sucedido, llevando las cosas al extremo de atribuirle objetivos, insistimos, propios de la dictadura cuya restauración favorecían los medios y fuerzas conservadoras que hoy pretenden erigirse en celosos guardianes de la democracia.

También es indispensable el esclarecimiento pleno del caso para eliminar cualquier rebrote antidemócratico que pudiera haber aparecido aprovechando los tiempos de confusión y conflicto que vive el país y que, de existir, debe ser erradicado en aras de la salud de la democracia conquistada por el pueblo después que fuera entregada a la dictadura por aquellos que solo buscan lucrar a cualquier coste.

Tampoco debe aceptarse que el tema sea utilizado como cortina de humo para relegar en el olvido y la impunidad el caso que originó el grave embrollo, es decir el espionaje electrónico a altos funcionarios del Estado que poderosos intereses tratan de reducir a su mínima expresión.

Esos intereses, acostumbrados a la arrogancia del poder, han convertido en chivo expiatorio al autor directo de la gravísima ilegalidad, a quien, por cierto, debe tratarse con respeto a sus derechos humanos y con estricto apego a ley, sin ensañamientos pero también sin impunidad.

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