Hay que continuar

La ciudad ha obtenido un enorme logro, al alcanzar nuestro gobierno municipal el objetivo de trasladar el mercado mayorista de la ciudad a Santa Anita, una meta que los diversos alcaldes no pudieron alcanzar a pesar del grave problema que La Parada era, por haberse convertido en un antro de delincuencia, caos e insalubridad, desde hace al menos seis décadas.

| 31 octubre 2012 12:10 AM | La Primera Palabra | 450 Lecturas
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Lo contundente de esa victoria de todos se vio con claridad ayer, en el lamentable espectáculo que dieron en el Congreso, cual versión parlamentaria de las hordas que quisieron impedir ese triunfo, los representantes de la derecha senil, buscando pretextos para desteñir lo conseguido por nuestro gobierno municipal.

Uno a uno sus cuestionamientos cayeron en pedazos ante las serenas y sólidas respuestas de la Alcaldesa de Lima y el ministro del Interior, que desbarataron con sobriedad y claridad los intentos de cuestionar el éxito del aislamiento de La Parada que obligó a los comerciantes del viejo mercado a aceptar al fin trasladarse a Santa Anita.

Un reportero comentaba con sus colegas que los desesperados legisladores minoritarios, sobre todo los fujimoristas, parecían enrevesados comentaristas deportivos que, luego de un partido resuelto por goleada, solo critican al ganador porque en el primer tiempo no jugó del todo bien.

También en el terreno parlamentario, pues, se impuso el orden en beneficio de la comunidad –no el orden que favorece a intereses minoritarios–, y los limeños no quieren dormirse en sus laureles y alientan ahora seguir por el camino de la reforma, el progreso y la transparencia, por una ciudad más habitable y justa con su propia gente.

La agenda del municipio, a pesar de la revocatoria, que parece vencer pero no convence y que pretende ser legal pero nunca será legítima, no debe detenerse y así lo exige la ciudadanía, que quiere prontos y más avances, sin perder el impulso, ahora con la reforma del tránsito y el transporte.

Ese foco de desorden, informalidad, muerte y precariedad, debe ser también eliminado con disciplina y acatamiento a las reglas que preserven el orden y la seguridad para choferes y usuarios. Y hay que hacer la reforma, aunque se opongan los vándalos que han fracasado ya muchas veces en el afán de impedirla con paros cada vez menos efectivos.


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