Fujifallo sepultado

La dignidad del país y el respeto de los peruanos por la legalidad nacional e internacional y por los compromisos internacionales del Estado, han sido reivindicadas por la decisión de la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema que ayer anuló el afrentoso fallo que redujo las condenas de los jefes, mentores e integrantes del siniestro Grupo Colina, favoreciendo la impunidad de los crímenes atroces cometidos por la dictadura que ensombreció al país en la década de los 90.

| 28 setiembre 2012 12:09 AM | La Primera Palabra | 651 Lecturas
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La decisión, anunciada con inocultable satisfacción por el presidente del Poder Judicial, fue adoptada por la misma instancia que dictó el inusitado fallo, en acatamiento de una reciente resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La Corte Interamericana, como era previsible, determinó que aquella sentencia deplorable, contradecía la propia jurisprudencia nacional y los parámetros establecidos por la citada Corte, a cuya jurisdicción el Perú se ha sujetado en forma soberana y democrática.

El paso siguiente será que una nueva Sala Penal, conformada por jueces supremos, revisarán el caso y es de esperar que ratifique las condenas de los criminales, por las matanzas de Barrios Altos y El Santa, y el secuestro y asesinato de un dirigente popular.

Es importante resaltar las palabras del presidente del Poder Judicial, sobre la imagen de seriedad, de civilización y de corrección que la justicia peruana proyecta al enmendar el vergonzoso “fujifallo”, como corresponde a un país que ha aceptado someterse a un sistema de protección jurídico e internacional de los derechos humanos. Ello de ninguna manera implica ceder en materia de soberanía nacional.

Ya el Poder Ejecutivo había tomado la iniciativa de rechazar el afrentoso fallo y presentar un amparo en su contra, ante lo cual los favorecedores de la impunidad boicotearon esa posición nacional en la Corte Interamericana.

Toda la palabrería de los añorantes de la dictadura y de los remanentes fujimoristas en los tribunales había quedado sepultada por el dictamen de la Corte y la pronta decisión tomada ayer por la citada Sala judicial es una especie de lápida colocada sobre la fracasada maniobra de los sectores oscurantistas que sirvieron a la dictadura y siguen vigentes por la magnanimidad o, según algunos, por la debilidad de la democracia.

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