Frutos del cambio

El duro golpe propinado al narcotráfico por las autoridades y agentes antidrogas, al capturar a quienes son señalados como integrantes de un clan dedicado a ese ilícito negocio, motiva satisfacción amplia en la ciudadanía, que es consciente de los peligros que entraña, en todos los órdenes, la pervivencia o el crecimiento de tal actividad delictiva.

| 10 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 1.2k Lecturas
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Más allá de ser un logro policial encomiable, las detenciones e incautaciones de dos avionetas y diversas propiedades pertenecientes a los capturados, así como 17 millones de dólares en efectivo, han comenzado a demostrar en los hechos lo atinado de la decisión nacional de dar un viraje a la política mantenida tradicionalmente en la materia, para darle un enfoque y una acción integrales.

Al anunciarse tal cambio, el principal responsable de la ejecución de políticas antidrogas, que supo resistir a pie firme la andanada de ataques y presiones para que renuncie, desplegados por los enemigos de la transformación, señaló con convicción la necesidad de un combate total a las bandas de traficantes, el lavado de dinero, el tráfico de sustancias químicas para la producción de estupefacientes y los cultivos ilegales de hoja de coca.

Ese enfoque integral ha reemplazado a la política tradicional que se ensañaba con los cultivadores de hoja de coca con fines de subsistencia y que, como lo prueba la pobreza en la que se mantienen, son el eslabón más débil de la cadena del narcotráfico.

Durante el pasado quinquenio, el país se sobresaltó innumerables veces por la represión a los cocaleros, mientras el narcotráfico seguía operando impune, sin que las autoridades a cargo de combatirlo lograran darle golpes de importancia.

Ningún traficante importante fue apresado durante esa administración, que apenas pasaba de las casi rutinarias detenciones de “burriers” o transportistas de droga al exterior, instrumentos también del sucio negocio.

Sea por ineficiencia o por pasividad cómplice, los dueños de florecientes negocios surgidos de la nada y otros personajes que hacían gala de sospechosas fortunas, tampoco eran molestados pese a los indicios de que podrían estar involucrados en el delito de lavado de activos.

En medio de esa impunidad, el narcotráfico avanzó hasta atreverse a querer incursionar en la política, entre otras graves consecuencias de la inacción oficial, aplaudida por quienes seguramente alentaban también la campaña contra la nueva política antidrogas, nacional y soberana.

No debe olvidarse que el cambio que comienza a dar resultados, fue objeto de ataques de quienes propugnan el sometimiento del Perú a intereses foráneos y que ahora pretenden ser partícipes del éxito alcanzado y hasta ser consejeros de la nueva política antidrogas.


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