Firmeza soberana

Los tradicionales enemigos del cambio, proclives a servir a intereses extranjeros y responsables de haber descuidado y desarmado a la defensa nacional, suelen sermonear a través de sus agentes mediáticos, sobre la supuesta inexistencia de riesgos o amenazas a la tantas veces descuidada y cercenada integridad territorial peruana.

| 15 diciembre 2011 12:12 AM | La Primera Palabra | 1.6k Lecturas
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Con un discurso hostil a cualquier preocupación legítima por nuestra soberanía, afirman que nuestro mejor seguro contra la rapiña que amenaza desde el sur es la apertura económica total que supuestamente construya una confluencia de intereses que despeje cualquier posibilidad de entendimiento.

Y ciertamente, es mejor el camino de la integración y la amistad que el de la tensión, la desconfianza y el rencor permanentes y hay que hacer todo lo necesario para acercarnos y hermanarnos con todos nuestros vecinos.

Pero la realidad demuestra que en ningún caso debemos dejar de estar alerta ante la amenaza, que no viene de los pueblos vecinos, sino de los intereses y élites que los dominan.

Estamos obligados a recordar las enseñanzas de la historia, para estar listos a defendernos de cualquiera que se atreva a intentar un nuevo zarpazo contra la tierra que heredamos de nuestros mayores.

En estos días nos lo han recordado desde el vecino del sur, cuyo ministro de Defensa ha dicho con pleno desparpajo y cinismo que ese país tiene que poner en apronte su poderío militar “disuasivo” –término sarcástico para un país cuyo afiebrado armamentismo amenaza a la región- el próximo año, cuando se conocerá el fallo de la Corte Internacional de La Haya sobre el diferendo marítimo bilateral.

La inocultable amenaza ha sido acompañada de comentarios inaceptables sobre asuntos nacionales, como la crisis de Cajamarca, e imputaciones sobre un supuesto desacato de nuestra parte al fallo.

Ese descaro ha merecido una firme respuesta que ha dejado en claro que nadie debe intervenir en nuestros asuntos y que, si de alguien hay que desconfiar, es de quien se arma descontroladamente y en la historia ha demostrado falta de respeto a la legalidad internacional y resistencia a cumplir cabalmente los tratados internacionales.

No son por tanto belicistas ni chauvinistas, sino celosos defensores de la Patria, quienes llaman la atención sobre la necesidad de devolver a la defensa nacional el equipamiento que le otorgue la capacidad necesaria para desalentar cualquier intento de atentar contra la paz de nuestro pueblo.


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