Esperada comisión

El aplazamiento de la designación de los miembros de la Comisión Investigadora de los casos de posible corrupción registrados bajo la pasada administración gubernamental, no debería ser más que un ligero tropiezo, pues la ciudadanía espera y exige la pronta conformación del grupo encargado de cumplir la histórica misión de esclarecer los numerosos escándalos que vivimos en ese quinquenio, para que los responsables no queden impunes.

| 08 octubre 2011 12:10 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Está claro que la demora se debe a las maniobras de trejos políticos apristas que, lejos de la caballerosidad y la ética política que los obliga a mantenerse al margen por conflicto de intereses, invocan tecnicismos para empantanar a la comisión, y hasta han querido integrarla, a través de un exmiembro de aquel régimen, obviamente juez y parte y por tanto sin autoridad moral ni calidad para investigar las irregularidades que durante cinco años indignaron y avergonzaron a los peruanos.

Los empeños de quienes se afanan por desprestigiar y atribuir objetivos de persecución política al exgobernante, apuntan además a debilitar a la comisión, con lo que a todas luces es un veto a un congresista que, siendo ajeno al oficialismo y al gobierno, es conocido por su capacidad de denuncia y sus señalamientos de los manejos indebidos en los que ha incurrido la pasada administración.

Como no han podido evitar que se cree la comisión, pretenden ahora entramparla, desacreditarla y adicionalmente evitar que dentro del grupo investigador haya un grupo compacto de especialistas anticorrupción –hay un exprocurador implacable, un veterano luchador socialista que ha investigado a otro gobierno y un legislador en el pasado quinquenio denunció diversos casos de inmoralidad administrativa- marginando al citado legislador.

Alegan para ello que, habiendo el congresista propuesto crear una comisión para denunciar a García y un grupo de quienes fueron sus ministros, no debe integrar una comisión, aunque esta es diferente y hay numerosos casos en los que el proponente fue miembro y hasta presidente de la comisión que impulsaba.

El Congreso de la República no debe caer en ese juego y debe más bien seguir adelante y designar cuanto antes a los integrantes del grupo investigador, cumpliendo el encargo que la ciudadanía le ha dado a todos los parlamentarios -pues todos pidieron su voto con la promesa de combatir el cáncer de la corrupción.

Las maniobras contra el esclarecimiento de lo ocurrido bajo un gobierno que la ciudadanía, según todas las encuestas, considera fuertemente marcado por la corrupción, se han expresado también en las intrigas y presiones para impedir que un destacado luchador contra la corrupción presida la llamada “megacomisión”.

En ese afán, alegan que ese congresista estaría predispuesto contra el exgobernante, por haber investigado a su primer gobierno, argumento inaceptable, pues tal antecedente le da más bien el mérito de haber acumulado experiencia para tan importante tarea.


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