Escalada creciente

La escalada contra la alcaldesa de Lima ha llegado al atrevimiento de querer arrinconar a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) para obligarla a vender el kit para recoger firmas para la revocatoria, luego que el citado organismo se negó a venderlo a un supuesto ciudadano de a pie que pretendió adquirirlo.

Por Diario La Primera | 07 jul 2011 |    

El argumento de la Onpe ha sido sólido: un proceso de revocatoria, que comienza con la venta de los kits, solo puede iniciarse después del primer año de la gestión de una autoridad y antes del inicio del último año de la misma.

Ante ello, los conjurados apelan a la argucia de sostener que pueden recoger firmas a favor de la revocatoria antes del primer año, lo cual, además de contradecir a la ley y a la jurisprudencia establecida en análogas situaciones anteriores, resulta políticamente inaceptable, en la medida que apunta a mostrar una gran cantidad de firmas de ciudadanos que reclaman revocar a la alcaldesa y desestabilizar la gestión municipal.

La respuesta de la Onpe ha sido ratificar su criterio, invocando pronunciamientos anteriores del Jurado Nacional de Elecciones y haciendo la salvedad que este puede variar la fecha en que puede comenzar la venta de kits. El JNE ha fijado plazos de los previsibles procesos de revocatoria y ha dejado en claro que la Onpe define lo referente a los kits y quienes no estén de acuerdo pueden apelar al Jurado.

Esa es la situación de la batalla legal, parte de la campaña desatada por quienes no aceptan su derrota en las urnas y quieren revertirla a toda costa, aun al precio de deteriorar, pervertir y destruir la democracia, que tiene entre sus ejes la voluntad ciudadana y el respeto al voto popular.

Los derrotados de las elecciones municipales y de la elección presidencial, lanzados ahora furibundos contra la alcaldesa, no han aprendido la lección dada por la ciudadanía, que no acepta ser manipulada por el miedo, la intriga y la mentira, y vuelven a las andadas.

Si el gobernante que representó a esos sectores extremistas enemigos del cambio en democracia fracasó en su arrogante amenaza de impedir que sea presidente quien no fuera de su agrado, y la ciudadanía demostró que los medios de comunicación tradicionales ya no pueden imponer ganadores de elecciones; ahora esos derrotados intentan tal vez cobrarse una revancha provocando la revocatoria de la alcaldesa y después, con seguridad, lanzarse con furia contra el gobierno nacional que iniciará funciones el 28 de julio.

Los demócratas, los peruanos de bien que entienden que el país ha emprendido el camino del progreso social y que nadie tiene derecho a impedirlo, confían en que el pueblo sabrá demostrar su lucidez y su civismo para asestarles nuevas derrotas a quienes están sumidos en el desprestigio y el oprobio, por su conducta ajena a la ética y a la legalidad y contraria a la voluntad ciudadana.

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