El hedor de la traición

La histérica andanada de ataques contra el canciller de la República -que ayer se estrellaron en la Comisión de Defensa del Congreso con la serena y precisa exposición del ministro-, además de ser la reacción irreflexiva de un grupo de extremistas de derecha obsesionados con echarlo del gobierno, ha comenzado a emanar el desagradable hedor de la traición a los intereses nacionales, lo que merece el repudio de la ciudadanía.

| 23 marzo 2012 12:03 AM | La Primera Palabra | 1k Lecturas
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Los conjurados y sus altavoces mediáticos no solo pretenden el retiro del ministro, pese a sus altas calificaciones en materia de política exterior, sino echar abajo la histórica política de integración latinoamericana y poner fin al sólido apoyo que, por encima de contingencias incluso poco agradables, el Perú le ha brindado a Argentina. Y todo en nombre de un supuesto pragmatismo que nos obligaría, como felipillos, a hincarnos ante las grandes potencias.

El hedor de la traición se hace más fuerte si tenemos en cuenta que los sectores retardatarios, y sobre todo el fujimorismo, reclaman tan deshonroso viraje justo cuando Chile, país con el que mantenemos un delicado juego de ajedrez diplomático que para nosotros significa defender el proceso de La Haya y evitar cualquier situación que pueda frustrarlo, ha emprendido un acercamiento a Argentina, al extremo de dejar atrás su fratricida apoyo a Inglaterra en la Guerra de Las Malvinas de hace 30 años, y expresar su respaldo a la demanda de Buenos Aires, de soberanía sobre el archipiélago.

Es decir que mientras nuestro rival en La Haya busca fortalecer su posición internacional con el evidente afán de presentar ante esa corte un rostro integracionista y pacífico, los enemigos de cualquier atisbo de progresismo o posiciones soberanas, pretenden que el Perú congele su cálida relación con Argentina, prefiera subordinarse a Inglaterra con una supuesta “neutralidad” y, habida cuenta del apoyo regional a Argentina, quede aislado en el contexto suramericano y latinoamericano.

Es también deplorable que la furibunda ofensiva contra el canciller y contra la política exterior peruana, que conduce el Presidente de la República, coincida con el anuncio de la fase oral del proceso de La Haya, que debe motivar la más amplia y sólida unidad nacional.

En ese contexto, resulta inaceptable que la embajada de Inglaterra, potencia tradicionalmente aliada de Chile, estimule la discordia y aliente a los extremistas, con un inaceptable comunicado emitido ayer, que incurre en intromisión en asuntos internos, al emitir juicios sobre la decisión peruana de dejar sin efecto la visita del navío de guerra inglés.


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