El diálogo tiene la palabra

La ciudadanía ha recibido con satisfacción la distensión que, pese a los graves incidentes de violencia registrados, se ha abierto paso, en forma trabajosa, para encontrar soluciones concertadas, democráticas y duraderas, para los conflictos socio-ambientales heredados de la administración anterior y causados por su obsesivo servilismo hacia los capitales extranjeros, que llegó al extremo de atar compromisos que pueden atar de manos a la administración actual.

| 13 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 1.5k Lecturas
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Es saludable que se hayan sentados las bases de salidas dialogadas a la crisis social causada por la acumulación y exacerbación de los referidos conflictos, y por el incumplimiento de acuerdos con las bases sociales, debido a la política de la “mecedora”, como popularmente se conocía a la política aprista ante los conflictos.

Está fresco el recuerdo del trágico círculo vicioso que se iniciaba con las protestas populares, seguía con la represión de éstas, casi siempre con muertos, alguna mediación, el diálogo, acuerdos para solucionar el conflicto y el incumplimiento de lo acordado, que alimentaba nuevamente el conflicto, exacerbaba los ánimos y agravaba la situación.

Ese círculo vicioso no debe repetirse más y la ciudadanía confía en que, sobre todo, por su origen y su programa de cambio en democracia, el presente Gobierno haga lo imposible por evitar la represión.

Esta vez el diálogo se ha impuesto tras lamentables situaciones de descontrol que no deben repetirse, independientemente de que en las mismas puedan haber actuado sectores radicales en extremo, interesados en agudizar los conflictos y no en buscar una solución que, insistimos, debe conciliar las posiciones de las partes involucradas pero, sobre todo, tener como marco referencial básico el principio y el espíritu de la consulta previa, lo que excluye imposiciones como las que vivimos en el quinquenio pasado, con saldos luctuosos que no debieran, por cierto, quedar impunes.

Es importante que el propio Presidente de la República haya asumido la responsabilidad de conducir el diálogo para afrontar y resolver uno de los principales conflictos.

Ese es el camino, porque el otro, el de la represión y la fuerza, ya ha demostrado que no soluciona los problemas, sino que los agrava.

El país lo sabe y por eso votó por un cambio que deje atrás los modelos y comportamientos políticos fracasados, y decidió que el Perú sea gobernado de un manera distinta, mensaje que en ningún caso y bajo consideración alguna debe ser olvidado.

En ese contexto, resulta lamentable que quienes participaron en un régimen dictatorial que ahogó a sangre y fuego las protestas sociales y quienes participaron en el último quinquenio de gobierno, que defraudó sus promesas electorales y agravó los conflictos sociales, hoy pretendan erigirse en jueces y hasta consejeros sobre cómo deben enfrentarse los conflictos presentes.


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