Ejercicio democrático

Si bien no está definida la fecha en que el Congreso debatirá y votará la censura a los ministros de Defensa e Interior, la cuenta regresiva para su definición ya está en marcha y la suerte parece estar echada para ambos pues todo indica que serán censurados y, como lo establece la Constitución, tendrán que renunciar y el Presidente de la República deberá nombrar a sus reemplazantes.

| 09 mayo 2012 12:05 AM | La Primera Palabra | 729 Lecturas
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La mayoría de las bancadas se han adherido a la iniciativa, en la que, como es previsible, buscan llevar agua para su molino y capitalizar políticamente la situación las fuerzas políticas conservadoras fracasadas no solo en las urnas sino también en la tarea, aún pendiente, de erradicar la violencia insana del territorio del Vrae y del nuevo frente abierto por los subversivos en las selvas del Cusco.

Ciertamente, la muerte de ocho valiosos militares y policías y los graves yerros cometidos por los mandos políticos, militares y policiales, han motivado la justa indignación ciudadana y la apelación a los mecanismos que la democracia tiene para saldar cuentas cívicas en casos como este.

Nadie debe escandalizarse, por tanto, con la previsible censura, que no debe ser sobredimensionada, ni debe generar división en las filas del cambio, donde debe haber espacio para la diversidad que enriquece a la unidad y de ninguna manera debería dañarla.

Lo sucedido, haya o no censura, debe ser para el Ejecutivo la oportunidad de hacer un balance para enmendar rumbos y afinar estrategias y políticas, a fin de superar el trance, sin mengua de su autoridad.

Ya el Presidente de la República ha dicho que el Congreso tiene derecho a proceder como le parezca conveniente, si bien él cree que no resulta pertinente la censura, porque favorecerá a los terroristas.

Pero ha dicho también que igual seguirá llevando adelante la tarea de buscar erradicar al narcoterrorismo de los territorios que ha podido ocupar porque los gobiernos pasados los dejaron sumidos en el abandono, la pobreza, la enfermedad y el olvido.

En ese rumbo, podrá alcanzar los objetivos de pacificación que el país entero espera, por encima de las ambiciones políticas de quienes pretenden usar la sangre derramada por militares y policías peruanos y utilizarla para servir a intereses mezquinos que los ciudadanos de bien de ninguna manera comparten.


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