Dudas despejadas

El diálogo sostenido por el ministro de Defensa con representantes del empresariado ha dejado despejado el ambiente de las dudas surgidas en el ámbito empresarial tras el artero ataque terrorista al aeródromo de Kiteni, que destruyó tres helicópteros usados en inspecciones y tareas de mantenimiento al gasoducto de Camisea, lo que hizo pensar a muchos que era inminente un atentado de mayor envergadura contra el ducto que abastece de gas a plantas termoeléctricas que producen aproximadamente un tercio de la electricidad que consume el país.

| 13 octubre 2012 12:10 AM | La Primera Palabra | 555 Lecturas
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Ha dado cuenta en esa cita el ministro, con la discreción que la seguridad aconseja, de las medidas militares adoptadas para proteger tan importante instalación, revirtiendo así posibles desajustes en la vigilancia y el resguardo de la misma.

Ha quedado además bien en claro la reiterada decisión política gubernamental, acorde con la voluntad ciudadana, de combatir al narcotráfico y al terrorismo, para lo cual están próximas a entregarse diez nuevas bases militares, principalmente en el Vraem, y otras acciones contra los remanentes senderistas que, si bien no amenazan a la seguridad nacional, siguen causando daños y dolor, en particular en el Vraem y desde hace unos meses en la selva de La Convención, Cusco.

A las acciones militares se suman las reformas legales destinadas a prevenir rebrotes terroristas o acciones ilegales encubiertas; proyectos o decretos que el Poder Legislativo seguramente evaluará desde la óptica de la seguridad, la ley y el respeto a los derechos ciudadanos y la democracia que tanto sacrificio le costó reconquistar al país.

Es pertinente que estos temas se traten con la mayor serenidad y prescindiendo de actitudes destempladas que solo crean alarma y preocupación, reacciones que sirven a los objetivos de los elementos antisociales atrincherados en el Vraem o a lo que muchos llaman terrorismo latente o encubierto en otros ámbitos.

También es necesario estar alerta contra el aprovechamiento político de sectores que, en su sectarismo, pueden llegar al extremo de sobredimensionar y favorecer al llamado peligro terrorista, magnificándolo solo para culpar y perjudicar al gobierno, acusándolo de haber fracasado en este terreno.

Esa acción conspirativa apunta invariablemente a repetir la letanía de que el régimen dictatorial de los negros años 90 tuvo la supuesta virtud de haber actuado con energía contra la subversión y haberla derrotado, omitiendo el hecho que fue sobre todo la madurez y la decisión democrática de los pueblos diversos del Perú, la que aisló y repudió a la violencia, sin permitirle expandir su acción en la sociedad, y facilitando así las operaciones de las fuerzas de seguridad que desbarataron a las organizaciones terroristas.

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