Doble moral

La doble moral parece ser moneda corriente en la política tradicional, cuyos usos antidemocrático y contrarios a la ética desprestigian a la política como servicio a la comunidad y al país.

| 04 octubre 2011 12:10 AM | La Primera Palabra | 1.2k Lecturas
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Es así como vemos que quienes avalaron y aún intentan justificar las torturas, las desapariciones, las matanzas de prisioneros inermes y las esterilizaciones masivas, pretenden ahora dictar cátedra de moralidad y principios, en una enfebrecida cacería que busca el cese de la ministra de la Mujer o su debilitamiento político.

En ese afán, se llenan la boca de proclamas de respeto a la dignidad humana quienes integraron estelarmente o fueron comparsas de un régimen que hizo escarnio de esa dignidad y que sumió al país en el descrédito de la corrupción desbocada y el crimen en todas sus modalidades.

Utilizan la desgracia del deceso de tres niños en un envenenamiento masivo en la localidad de Redondo, en Cajamarca, por la ingesta de alimentos suministrados por el Pronaa y que fueron contaminados con sustancias tóxicas, en circunstancias que son materia de investigación, la que debe seguir hasta las últimas consecuencias.

Resulta absurdo pretender que la ministra, una personalidad de larga y ejemplar trayectoria de constante solidaridad con los humildes, es responsable de la tragedia, ocurrida cuando apenas llevaba una semana en el cargo, sin haber tomado pleno manejo del Pronaa y otros programas sociales.

Es inconcebible exigirle que estuviera al tanto del almacenamiento de los alimentos en Redondo y de otros detalles logísticos a cargo de una estructura y un aparato burocrático heredado del régimen aprista, caracterizado por la corrupción y la ineficiencia.

Más de un analista, incluso ajeno al gobierno y a las fuerzas políticas que participan en la coalición parlamentaria formada en torno a Gana Perú, ha señalado que la ofensiva contra la ministra de la Mujer pretende privar al gobierno de una figura con virtudes para la polémica y la defensa de las posiciones del cambio, demostradas desde la campaña electoral.

También, es indudable, parece haber una obsesión por debilitar al gobierno, una obsesión que, tras fracasar las arremetidas contra el jefe de Devida y contra la ministra de Cultura, ahora se lanza con furia contra un nuevo objetivo.

Carentes de posiciones que puedan encontrar eco en la ciudadanía, pues defienden el fundamentalismo neoliberal desgastado en dos décadas de descontento social, los enemigos del cambio parecen actuar por desesperación, ante los altos niveles de respaldo popular a la gestión del gobierno.

Pareciera que solo les queda apelar al ataque artero, el insulto y la calumnia, para mermar ese apoyo y debilitar al Ejecutivo, que ha cerrado filas en defensa de la ministra, como corresponde.


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