Diálogo urgente

La creciente efectividad del paro regional cajamarquino contra el proyecto Conga confirma no solamente la magnitud del rechazo social a ese emprendimiento, por la justificada desconfianza que inspira la empresa minera a cargo del mismo, sino que confirma la urgencia de que se tiendan los puentes del diálogo para encontrar una solución pacífica y que atienda las inquietudes de la ciudadanía de esa sufrida región norteña.

| 29 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 1k Lecturas
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La necesidad perentoria de que el gobierno y los dirigentes de la protesta se sienten a la mesa de negociaciones se justifica además por la creciente crispación que puede dar lugar a actitudes extremas o a estallidos que es imperioso evitar, por el alto costo que sus consecuencias pueden tener para la estabilidad política, la solidez de la democracia y la viabilidad social del proyecto de cambio iniciado el 28 de julio con apoyo nacional mayoritario.

Para ello, insistimos, las partes deben renunciar a posiciones extremas y abstenerse de poner como condición para conversar, que el interlocutor renuncie totalmente a sus planteamientos.

Solo el intercambio de criterios y la disposición a hallar puntos de consenso y entendimiento, hará posible encontrar la salida a un conflicto que no tiene visos de agotarse y que se expresa con dramatismo en el bloqueo total de la ciudad de Cajamarca, al que ayer se sumó la suspensión de operaciones del aeropuerto lugareño, ante el asedio de manifestantes.

Únicamente los enemigos de la democracia y los añorantes de la dictadura, que parecen frotarse las manos ante el peligro de enfrentamientos fratricidas, pueden alentar, y de hecho lo hacen, en forma al menos irreflexiva e irresponsable, la opción de imponer por la fuerza el proyecto Conga, en nombre de una estabilidad cuya preservación, por esa vía, puede terminar siendo una victoria pírrica que fracture a la nación y la suma en la negra noche del enfrentamiento y el rencor.

La crisis, reiteramos, debe tener una salida sin vencedores ni vencidos, con respeto al pueblo cajamarquino y sin que ello implique ahuyentar las inversiones sanas y respetuosas del país y de sus gentes, algo que tradicionalmente no ha caracterizado a la minería, especialmente a la empresa involucrada en el presente caso, lo que obliga a dar las máximas y efectivas garantías de que la historia del abuso y la devastación del ambiente no se repetirá.

El análisis y las observaciones del Ministerio del Ambiente al estudio de impacto ambiental de Conga, al buscar mayores seguridades y perfeccionar los recaudos de protección de las fuentes acuíferas, parece marcar el derrotero de salida de la crisis, aunque la renuncia del Viceministro de Gestión Ambiental y los términos de su retiro no sean una señal positiva en esa dirección.



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