Deuda por pagar

El Estado y la sociedad tienen una deuda, triste y dolorosa, con los familiares de los desaparecidos durante la denominada guerra interna que vivió el país durante dos décadas; y la única forma de saldar esa deuda será decirles cuál fue el destino de sus seres queridos apresados, muchas veces por grupos ilegales y muchas otras por meras sospechas, y de los que no volvieron a saber.

| 03 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Hay casos judicializados en los que ha sido posible individualizar a los autores de las detenciones y juzgarlos y en algunos casos condenarlos junto a los jefes que dieron las órdenes para tan criminal proceder, injustificable bajo cualquier punto de vista.

Los informes disponibles hablan de entre 8,000 y 12,000 detenidos-desaparecidos, pero hay muchos que siguen en la bruma y hasta hay casos que no han sido oficialmente denunciados, que técnicamente no existen porque las humildes familias afectadas no pusieron los casos en manos de autoridades u organismos de derechos humanos.

Descubrir al menos sus restos y entregarlos a sus familiares, hacerles conocer la verdad y, en lo posible, identificar y juzgar a los criminales, es una meta que el Perú debe fijarse como sociedad civilizada, máxime cuando vivimos una nueva situación, con un gobierno que se ha comprometido al respeto y la defensa de los derechos humanos.

Por eso consideramos pertinente el pedido de una activista humanitaria, hecho en la recordación de los desaparecidos, en el Día de Todos los Santos, de elaborar y poner en marcha un plan para encontrar a los desaparecidos e identificar los restos de las fosas comunes, para que sus familias puedan sepultarlos, en el supuesto consistente, de que fueron asesinados a sangre fría por sus captores.

De ese modo se cerraría para ellos el círculo del dolor, un dolor inenarrable para un padre, una madre, que llevan hasta tres décadas tratando de saber qué pasó con el hijo ausente.

Para ello será necesario exhumar los restos contenidos en unas 4,000 fosas comunes existentes en el país e identificarlos y entregarlos a sus familias, así como otorgarles la reparación que corresponda y a la que el Estado peruano está obligado por consideraciones morales y por compromisos internacionales.

Se trata de pagar una deuda ineludible, no solo con esas familias, sino también con la justicia y con la historia. De esa manera habremos dado un paso decisivo para la reconciliación nacional y para dejar atrás el trauma que nos dejaron el terrorismo y la guerra sucia.

En ese contexto, es ineludible destacar y elogiar el ejemplo de Argentina que, después de un conflicto interno más antiguo aún que el del Perú, sigue buscando los restos de los desaparecidos y sigue juzgando y sancionando a los autores de delitos de lesa humanidad.


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