Derecha insaciable y machista

Parece servir de poco, en términos políticos, que el gobierno, en una decisión ciertamente polémica, haya optado por dar luz verde al proyecto minero Conga y haya trazado una línea que coincide con las exigencias de los sectores empresariales del sector minero y con las exigencias de los agentes mediáticos que sirven a esos intereses.

| 19 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 4.6k Lecturas
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Si bien el hecho ha abierto una controversia que dista mucho de estar agotada y que tendrá un desarrollo cuyas conclusiones esperamos sean positivas, sin duda es un gesto de conciliación con los sectores políticos conservadores al que, según manda el sentido común, estos deberían responder con gestos similares de distensión y concertación.

También es una mano tendida a ese sector político el haberse otorgado la máxima condecoración nacional a uno de sus líderes históricos, Luis Bedoya Reyes, por su trayectoria democrática; otro gesto que ameritaría correspondencia.

Los hechos, sin embargo, parecen dar la razón a quienes sostienen que la llamada derecha tradicional, sobre todo en el Perú, donde cobra matices de oscurantismo, escasa ilustración, conservadorismo extremo y hasta machismo, se niega cerrilmente a renunciar aunque sea parcialmente a sus privilegios y jamás se resigna a haber perdido el manejo directo de la administración del Estado.

Parece no bastarle que el gobierno haya optado por el difícil camino de buscar la inclusión social y la equidad en la distribución de la riqueza sin afectar los grandes intereses económicos.

Solamente así se explica que persista la irracional ofensiva mediática que insiste en arrinconar al gobierno, algo que según un prominente dirigente obrero tiene el objetivo de impedir que cumpla sus promesas electorales.

Persiste el despliegue mediático que busca involucrar a como dé lugar al Presidente de la República y al gobierno en su conjunto en el comportamiento éticamente censurable del segundo vicepresidente de la República, que exagera y distorsiona cualquier yerro o infracción política reales o supuestos, para cercar al Ejecutivo, acaso con el objetivo de desestabilizarlo y desalojar a quien consideran un intruso que se atrevió a llegar al sillón presidencial contra los designios de la llamada caverna política y mediática. Y volver a manejar al país, directamente y a su antojo.

El arrinconamiento no queda allí. Ahora se han lanzado, con esas armas maledicentes, a desprestigiar a la Primera Dama, convirtiendo en intromisión política inaceptable cualquier actitud suya que no sea la de una ornamental consorte. No quieren que opine o participe y hasta parece que no quisieran que piense.

Se niegan aceptar que la carismática Primera Dama es una mujer con formación profesional e intelectual y trayectoria política, que ha luchado codo a codo con su compañero de vida, y ha ganado por ello posiciones de liderazgo en el partido que juntos construyeron. El contenido machista de esa obsesiva persecución es indudable y merece la condena de peruanas y peruanos.


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