Deplorable espectáculo

El partido que, habiendo perdido las elecciones, tuvo la lucidez democrática de sumarse a las fuerzas de la democracia para cerrarle el paso a la restauración dictatorial, está lejos de observar un comportamiento acorde con las circunstancias y sufre una serie de conflictos internos que amenazan su integridad y tienen visos de escándalo, lo que no solo afecta su imagen, sino la salud de la democracia y la solidez del proyecto de cambio por el que votó la mayoría nacional.

| 27 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 833 Lecturas
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La crisis que desgarra a Perú Posible se origina en factores como la falta de madurez para digerir y recuperarse del duro revés sufrido el 10 de abril –cuando el partido quedó en cuarto lugar, cuando apenas unas semanas antes se sentía favorito- y las rencillas internas, propiciadas o exacerbadas por esa derrota, y la ambición de posiciones de poder en el nuevo gobierno de concertación nacional.

La renuncia de su secretario general ha escalado la crisis que desgarra a la organización hasta niveles que ésta no había conocido, y se expresa en tendencias abiertamente contradictorias, con el agravante de que una de estas tiene afinidades fundamentales con la agrupación dictatorial derrotada en la segunda vuelta, lo que amenaza su coherencia política e ideológica y el nivel de su compromiso con el acuerdo de gobernabilidad democrático al que ha llegado con la organización del presidente electo, Gana Perú.

Ante tan caótica situación de Perú Posible, han hecho bien importantes dirigentes de Gana Perú en mantenerse al margen del conflicto, por tratarse de temas internos.

Pero también ha sido atinado que recuerden que la crisis de Perú Posible y el trauma de su derrota de ninguna manera deben llevarlo a sobredimensionar su papel en el triunfo democrático del 5 de junio y menos aun en creerse propietarios de esa victoria, que, siendo importante el aporte de Perú Posible, pertenece al pueblo y a Gana Perú, y haría bien Perú Posible en asumir que el resultado dio al país un presidente, único, y un programa. De ninguna manera puede pensarse en la insensatez de una presidencia compartida; algo que no sería democrático ni constitucional.

Es de esperar que el retorno del líder de Perú Posible sea decisivo para poner orden en sus filas, para superar discrepancias y cicatrizar heridas, en aras de cumplir la responsabilidad que el pueblo les exige, de contribuir al buen desarrollo de la administración que comienza mañana.

Si la inmadurez política que, lamentablemente y en contradicción con su trayectoria de lucha democrática, exhibe en estos días Perú Posible no fuera superada y afectara el éxito del gobierno democrático que se inaugura mañana, su solidez y su eficiencia, el daño para Perú Posible puede ser fatal y definitivo. Y eso es algo que sus dirigentes deben tomar en cuenta para reflexionar y asumir sus responsabilidades.

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