Decisión saludable

Las declaraciones del presidente de Perupetro y responsable de la negociación con el consorcio extranjero que explota el gas de Camisea, que publicamos en esta edición, son motivo de satisfacción para los ciudadanos, por la evidencia de que en esas conversaciones se están defendiendo los intereses nacionales, el desarrollo y el futuro del país y de sus nuevas generaciones.

| 31 agosto 2011 12:08 AM | La Primera Palabra | 1k Lecturas
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El citado funcionario ha dicho, en blanco y negro y sin margen alguno de duda, que el gas del Lote 88 de Camisea, entregado a ese consorcio, en condiciones turbias o por lo menos poco transparentes pese a estar reservado para el consumo interno, será recuperado para ese estratégico fin, de todas maneras. Sí o sí, ha remarcado, aclarando a los escépticos que lo único que es materia de negociación es la manera como esa producción retornará al fin originalmente establecido.

Es decir que la promesa electoral, ratificada por el Presidente de la República al asumir funciones y por el primer ministro en su exposición ante el Congreso, será también honrada por quienes lucharon con denuedo para ganar el voto ciudadano y alcanzar el gobierno con el compromiso de llevar adelante un cambio responsable que reivindique la soberanía y los intereses del país, tan venidos a menos durante anteriores administraciones.

La recuperación no tiene plazos, pero, como bien ha dicho el entrevistado, tiene que ser pronto, habida cuenta de la perentoria necesidad del recurso para atender las necesidades energéticas nacionales, justificar la construcción del gasoducto del sur, cuyo inicio ya tiene plazo, y desarrollar la industria petroquímica que nos permitirá exportar productos con valor agregado y alta cotización internacional, lo que será un gran paso para que el país deje de ser simple exportador de materias primas.

Se trata, en definitiva, de una decisión política firme, como afirma el presidente de Perupetro, y esa convicción merece el respaldo pleno de la ciudadanía, que espera celebrar la recuperación como festejó el cumplimiento de la promesa de hacer que las empresas mineras tributen más por las sobreganancias que obtienen debido a los altos precios de los minerales en el exterior.

Los términos en los que esas reivindicaciones nacionales son planteadas en esta nueva etapa son diferentes a las de sometimiento, vigentes hasta hace poco para indignación y vergüenza del país, que felizmente van quedando atrás.

Esos nuevos términos parten de una concepción soberana, bajo la cual los recursos naturales son del Perú y las empresas, cuyos intereses son respetables, los explotan porque el país se los permite, a cambio de una participación lo más alta posible, en la riqueza que generan esos recursos.




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