¿Da la cara?

Cuando el Congreso se aprestaba a dar los primeros pasos para investigar a su gobierno, el expresidente y sindicado responsable de la gran corrupción que a los ojos de la ciudadanía existió en ese régimen, ha puesto en evidencia la pretensión de salir, una vez más, indemne, como, tras su primer gobierno, logró salir impune, por la prescripción de los cargos de enriquecimiento ilícito que no tuvo el coraje de afrontar en los tribunales.

| 15 setiembre 2011 12:09 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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En esta oportunidad aparenta disposición a ser investigado y hasta pretende tener talante democrático frente a los reclamos de una profunda pesquisa sobre los llamados faenones de su gobierno.

Al mismo tiempo, sin embargo y en flagrante contradicción, parece preparar el camino del escape, al insinuar que es víctima de persecución política y que esta es una práctica histórica, que supuestamente es una costumbre que los gobernantes persigan a sus antecesores, práctica más bien esporádica, si nos atenemos a los antecedentes y no nos dejamos llevar por el verbo del cazurro político aprista.

O sea, que investiguen a mi gobierno, que tengo la conciencia limpia, pero si me investigan dijo que me están persiguiendo por razones políticas.

Paralelamente, y ante el asombro de los peruanos indignados y hastiados de tanta corrupción, ha dicho que esta es un mal endémico, histórico y masivo, hasta el extremo de vincularla con la pobreza, ofendiendo una vez más a los pobres.

Se ufana de que los controles de su gobierno impidieron que la corrupción llegara a niveles excesivos, como si el país no tuviera memoria, como si ya se hubieran olvidado los grandes escándalos de corrupción que vivimos en el quinquenio aprista.

Y ha reiterado que solo admite en las cuentas de su gobierno a no más de dos mil, cifra que cita casi con desdén, de los diez mil funcionarios involucrados en casos de corrupción en la mitad de su gobierno.

Pero tampoco asume la responsabilidad ante esos casos, los que deriva a funcionarios menores. Y sobre el escándalo de la tolerancia, seguramente tarifada, de funcionarios del sector pesquero que desde 1995 no cobraron multas por casi 900 millones de nuevos soles, insulta arrogante al ministro denunciante y deja la responsabilidad en manos de sus ministros, así como la carga a personajes de diverso rango por los llamados “faenones” del Estadio Nacional y otros.

La respuesta no se ha dejado esperar, pues un conocido parlamentario le ha respondido que miente, que lo que hizo no fue impedir la corrupción sino apañarla con indultos, blindajes y promoción de corruptos, y que convirtió al gobierno en una agencia al servicio de intereses privados; por todo lo cual debe responder. La ciudadanía exige que esta vez los que saquearon al país no queden impunes.


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