Cunde el pánico

Cada día es más evidente que el desorden y la desesperación cunden en las filas de los revocadores y sus varios y muchas veces contradictorios voceros que parecen desorientados, tras pensar arrogantes que habían ganado el partido antes de jugarlo y que solo era cuestión de esperar el fruto de su larga y maledicente campaña de mentiras y manipulaciones, empezada acaso desde el día mismo en que la alcaldesa fue elegida.

| 12 febrero 2013 12:02 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Habían dicho de diversas maneras que la suerte estaba echada y que contaban con el apoyo de la ciudadanía, como lo reflejaban los sondeos, pero no contaban con la conciencia de los limeños, que se van sacudiendo de la insensatez y la manipulación de quienes pretenden defenestrar a la Alcaldesa solo por intereses mezquinos y ambiciones políticas cada vez más desembozadas, ocasionando un enorme gasto que pagaremos todos los peruanos.

Pero no contaron que la reserva de moral y lucidez de los ciudadanos de la capital, que cada vez en mayor número se van dando cuenta de que no deben caer en el juego de quienes propugnan el desorden y la inestabilidad para la ciudad, y que es falso aquello de que la administración municipal no trabaja o es ineficiente.

Uno de los voceros del Sí parecía ayer molesto por la posibilidad que una Federación de Taxistas cambie su posición sobre la revocación, debido a un proyecto de reglamento del taxi metropolitano lanzado ayer y que atiende sus demandas. O sea que quieren que la municipalidad se paralice para darles gusto.

Que el pánico cunde en las filas del apro-castañedismo ha quedado claro también en la manera crispada, avinagrada y confrontacional como los voceros del Sí se comportan en las entrevistas periodísticas, hasta en las muchas veces complacientes de medios que van desnudando su posición a favor de la revocación.

No quieren que les hagan preguntas sobre sus vínculos con la corrupción o sobre los intereses políticos y de otra índole que los mueven, y es cada vez más frecuente que terminan tratando con dureza o casi peleando con los pacientes entrevistadores.

Definitivamente, hace falta un debate en el que las posiciones confronten, pero en el que no haya adjetivos ni mentiras, sino argumentos, razones y propuestas que puedan aportar a los electores para que tomen una decisión responsable y consecuente con el derecho de Lima al progreso y a la transparencia.


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