Cuidado con el desgaste

Una guerra de desgaste se intensifica día a día contra la nueva administración gubernamental, alimentada por la inquina y el rencor de quienes siguen sin resignarse a que en el país ha ocurrido un cambio de trascendencia, lo que implica nuevas maneras de gobernar y de hacer políticas, distinta de la tradicional.

| 10 agosto 2011 12:08 AM | La Primera Palabra | 837 Lecturas
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Ello implica ciertamente un proceso de adecuación y de asentamiento del nuevo gobierno, que contrasta con los deseos de quienes añoran las viejas formas y, sobre todo, que no aceptan haber sido desalojados del manejo del Estado.

Siendo esas las causas principales de los ataques contra el nuevo gobierno, hay que anotar que la ofensiva se alimenta, ciertamente, de errores reales o aparentes, que deben ser evitados, para no dar armas a quienes, tras fracasar en el empeño de entregar al país otra vez en manos de una dictadura, pretenden acabar con las esperanzas y las ilusiones de un pueblo que ha optado por el cambio, como lo demuestran las expectativas evidenciadas por recientes encuestas.

Así, el tema de las designaciones de altos cuadros de la administración pública que, según el presidente del Consejo de Ministros, son seleccionados por su eficiencia y su probidad, así como por la confianza que les tiene el jefe del Estado, debe ser materia también de sumo cuidado en las formas y hasta en las apariencias,

En ciertos casos, determinados antecedentes o características de los nominados pueden dar pie a comentarios de buena o mala fe, especulaciones sensacionalistas o preocupaciones sinceras en torno a su presencia en una administración que, más que ninguna, debe mantener una imagen impecable de ética y combate a la corrupción, así como de servicio a la ciudadanía, con eficiencia en el planeamiento y la ejecución de políticas orientadas al logro de la plena inclusión social que establezca el imperio de la justicia, única base duradera de la paz y la convivencia sana entre peruanos.

Otro tema que utilizan los contrarios al cambio para su guerra de desgaste de la nueva administración, es el de las declaraciones y actitudes eventualmente excesivas de quienes integran las filas del cambio y tienen importantes responsabilidades de Estado.

Esas responsabilidades conllevan la obligación de mantener la ponderación y la seriedad en la comunicación con la ciudadanía, que debe ser precisa y tener en cuenta el impacto que puede tener una palabra dicha demás, amplificada por medios de comunicación que en muchos casos parecen estar a la espera de cualquier error para usarlo contra los gobernantes.

No debe confundirse energía y entereza en la defensa de las posiciones del cambio con vehemencia innecesaria ni excesos verbales que a nada conducen. Tampoco debe confundirse la libertad de expresión de los miembros del gobierno con la poco feliz práctica de confundir criterios personales con posiciones oficiales que están obligados a defender.


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