Correcta defensa

La campaña del odio y la antidemocracia que se ha vuelto a lanzar contra la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, no solo se estrelló con la sólida repulsa de la ciudadanía y de las fuerzas auténticamente democráticas, sino con el hecho que ese informe y la convicción general e irreversible de que la violencia interna vivida en los años 80 y 90, independientemente de discrepancias que pudieran existir, fue una época de muerte y dolor que debemos superar haciendo justicia a las víctimas, reflexionando sobre las raíces profundas de la pesadilla que nos despedazó y evitando, con alerta y decisión, que se repita.

| 11 setiembre 2012 12:09 AM | La Primera Palabra | 919 Lecturas
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Congelados en el tiempo, quienes desprecian a la vida y los derechos de las personas, quienes se creen por encima de la ley, utilizan, como si el tiempo no hubiera pasado, el mismo discurso de una etapa política ya superada, como si los años no hubieran pasado, y pretenden que, como si se tratara de un texto cualquiera, el Congreso revise el histórico informe, que ha sido elogiado nacional e internacionalmente.

En ese contexto, resulta lógico y encomiable que el Primer Ministro haya desestimado la pretensión anti-histórica y haya dicho que no está en la agenda afectar valores democráticos. En vez de ello, ha planteado que en la agenda política nacional figuren las necesarias medidas para impedir el resurgir del terrorismo que asoló diversas regiones, hasta sumir en el miedo y la incertidumbre a la población, lo que fue aprovechado para establecer un régimen dictatorial, que hoy pretende otra vez, absurdamente, volver a engañar a los ciudadanos.

Si bien para muchos el proceso de democratización, del que formaron parte la CVR y su informe, dista de ser perfecto y tiene deudas, sobre todo en el plano de la inclusión que en esta coyuntura ha cobrado protagonismo, la gran mayoría de los peruanos no están dispuestos a ser embaucados y por eso rechazaron el año pasado la opción electoral que pretendía la regresión con las consabidas promesas de orden y con el oropel de la demagogia.

Así las cosas, es de esperar que la insensata pretensión de revisar el informe de la CVR fracase en el Congreso, donde deben primar las fuerzas que, por encima de posiciones a la izquierda o a la derecha, de ninguna manera están dispuestas a afectar a la democracia y a la imagen del país con una barbaridad como la que pretenden los totalitarios que nos sumieron en un régimen criminal y corrupto.

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