Continuismo peligroso

Dicen que es de gobernantes sabios recoger el sentir de los gobernados y rectificar cuando ello es pertinente, sin soberbia ni empecinamiento. Lamentablemente, una vez más, el Ejecutivo parece empeñado en darle la razón a quienes creen que carece de esa y otras virtudes.

Por Diario La Primera | 12 jul 2009 |    

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Exhortar a los nuevos ministros a mantener la misma línea, como hizo ayer el presidente, orilla la insensatez…

Nombrar primer ministro a quien hace muy poco se escabulló de un mal oliente asunto por el que su secretaria terminó despedida y enjuiciada; a quien suele perder los papeles cuando alguien critica a su presidente; de quien se declara un humilde soldado, nada tiene que ver con el retrato hablado que el país, a través de sus más serenos analistas de todas las tendencias, le había alcanzado al presidente; del boceto que los puños crispados a lo largo de la geografía peruana le habían dibujado, para poder aliviar tensiones y alejar a la democracia del abismo de la confrontación.

Hablar de poner orden en un país que todavía no se recupera de la violencia entre peruanos, de aquella triste lección amazónica de que la imposición no sólo no resuelve los problemas si no los agrava, parece una provocación suicida, una invitación a la impaciencia y un impulso a los radicalismos que a nada conducen; cuando todo aconsejaba serenidad, concertación y diálogo franco, así como cambios que alivien las tensiones que llevan a los peruanos a los enfrentamientos, y que nada tienen de importadas.

Cuánto hubiéramos querido escuchar en cambio un llamado a dialogar, identificar los problemas y discutirlos democráticamente con los pueblos, sin subterfugios ni cartas bajo la manga; una reflexión sobre la gran conflictividad social que cada vez estalla con mayor fuerza y en las más diversas regiones y sectores sociales. Cómo hubiéramos apreciado una autocrítica y el anuncio de acciones contra males que agotan la paciencia ciudadana, como la corrupción y las violaciones de los derechos humanos.

Exhortar a los nuevos ministros a mantener la misma línea, como hizo ayer el presidente, orilla la insensatez, cuando las calles, los bloqueos de carreteras, los paros y los reclamos a voz en cuello, claman por un golpe de timón que no solamente alivie las penurias de las grandes mayorías sino que abone a la gobernabilidad y al entendimiento entre los peruanos, por encima de legítimas y respetables diferencias políticas.

Quisiéramos equivocarnos, sinceramente, pero el camino trazado ayer con un discurso triunfalista e insensible al sentir del tejido social, el gobierno parece encaminarnos a situaciones dramáticas, en las que la ciudadanía puede notificarlo de que elegir a un gobernante de ninguna manera es darle una carta blanca para que ejerza el poder a su antojo.


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