Con los pobres de la tierra

Como dijo el poeta, la más noble de las causas es la de los pobres; al menos es la más justa, porque son ellos los que nada tienen, los que más necesitan de la solidaridad y la consecuencia de sus semejantes y sobre todo de sus líderes.

| 30 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 913 Lecturas
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Por eso resulta digno de encomio la revalidación del compromiso del nuevo presidente con ese sector de la población, compromiso que, si bien ha sido reiteradamente expresado en su objetivo de lograr la inclusión y acabar con la pobreza, la noche del jueves último fue dicho en el lenguaje del pueblo, ante una multitud enfervorizada que celebraba en la Plaza de Armas una victoria compartida.

Fue más allá el flamante jefe de Estado, en tenida informal, como en los días de la campaña electoral en la que derrotó a los poderes fácticos y mediáticos, para hacerse de la victoria contra viento y marea, le dijo a sus consecuentes y leales electores, en un clima de algarabía y de fiesta, que él ha tomado partido por los pobres.

También ha dicho el nuevo mandatario, que, cuando termine su mandato, sea recordado porque gobernó para los pobres y no para los ricos. Tiene sentido porque estos, por su poder económico, no necesitan apoyo ni protección.

No nos extrañaría que ciertos afiebrados medios al servicio de nostalgias dictatoriales y añorantes de la corrupción tan generosa con sus incondicionales, se lancen a acusar al presidente de posiciones radicales o hasta de promover la lucha de clases, como si la inequidad, la desigualdad y el hambre no fueran suficientes promotores de la confrontación social.

El nuevo gobierno, cuya composición diversa –sobre la que, en democracia, puede y debe haber diversidad de opiniones- incluye empresarios y tecnócratas insospechables de radicalismo, está muy lejos de posiciones maximalistas y menos aún de desatar una cruzada contra sector social alguno. Ha dado muestras sólidas de vocación concertadora y de unidad nacional, a la que todos deben aportar.

Sabe la administración del presidente Ollanta Humala que el cambio gradual y en democracia, orientado a acabar con la exclusión y la pobreza, es urgente para hacer justicia a los que nada tienen. Sabe que allí está la fórmula para el desarrollo con justicia y la grandeza de la Patria.

El discurso de la Plaza Mayor incluyó también un mensaje de democracia directa y concreta: el presidente no tiene más compromisos que el que ha asumido con aquellos que lo eligieron. Es más, los reconoció como sus jefes, pues solo a ellos está dispuesto a obedecer.

Por esa convicción, ese compromiso y esa esperanza, el pueblo limeño lo aclamó ayer a su paso por la avenida Brasil, con generosidad y con la certeza de que hay que ser ciego o mezquino para no sumarse a la noble empresa que él encabeza y en la que están en juego la paz y el futuro del Perú.


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