Clamor de diálogo

En medio de las reconvenciones, los gritos de indignación ante las muertes, las condenas al violentismo y los desagradables intentos de capitalizar políticamente la desgracia que golpea los corazones de todos los peruanos, una luz de esperanza pareció encenderse anoche para el diálogo que restablezca la paz en Espinar, que no debe ser la paz de los cementerios, como pretenden los otros radicales, los que no tiran piedras sino que ululan exigiendo represión y más sangre para imponer el orden a cualquier precio.

Por Diario La Primera | 30 may 2012 |    

De la reunión entre el primer ministro y la bancada congresal cusqueña, toda oficialista, salió la posibilidad de un acercamiento, pues uno de los participantes dijo que el premier ofreció consultar hoy con el Consejo de Ministros la propuesta de los dirigentes de Espinar –unos presos, otros clandestinos- de levantar la huelga y revocar el estado de emergencia y las detenciones y otras medidas de orden público, para establecer el diálogo, con los ministros del Ambiente y de Energía y Minas.

Las exigencias no son evidentemente fáciles de atender, habida cuenta de la exacerbación de los ánimos, pero debería haber alguna respuesta pronta que vaya construyendo aproximaciones hasta que las partes puedan sentarse a conversar; que es lo urgente.

El presidente del Frente de Defensa de Espinar, detenido ayer con violencia por la policía y acusado de violar las normas del estado de emergencia, había poco antes manifestado disposición a abandonar la enfebrecida exigencia de cerrar la empresa Xstrata Tintaya, y reemplazarla por mejoras en el control de la contaminación.

Que nadie se deje ganar por la arrogancia ni por el triunfalismo, que a nadie se le ocurra pensar que la ausencia de violencia hace la paz, que con el estado de emergencia el problema está resuelto.

Como bien han dicho esclarecidos líderes de opinión, la fórmula de la compulsión y la violencia no solucionan nada y solo traen más dolor y más daño a la democracia. Se avecinan otros conflictos y creer que hay que enfrentarlos por la fuerza puede ser la debacle para nuestra democracia.

Después tendrá que deslindarse responsabilidades en torno a la pérdida de vidas y el uso de armas letales cuando había que evitar más muertes, como bien había dicho la semana pasada el Presidente de la República, sin que sus palabras se hayan, lamentablemente, materializado, por acción u omisión de quienes tenían la misión de hacerlas cumplir.


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