Circo sin pan

Este diario comparte la tristeza del pueblo por la partida de quien fuera uno de sus grandes cantores: Arturo “Zambo” Cavero, cuya voz y calidad interpretativa excepcionales llegaron al corazón de los peruanos, en el que su recuerdo permanecerá por siempre con el afecto y gratitud que se supo ganar con su arte y su noble humanidad.

| 11 octubre 2009 12:10 AM | La Primera Palabra | 615 Lecturas
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Una enorme pena ha causado al país entero la partida de quien cantó al amor y al orgullo legítimo de ser peruano, orgullo que parecen querer hacernos perder los políticos tradicionales y quienes malbaratean a la patria con privatizaciones y otros actos de corrupción entreguista.

Pero si bien nos sumamos a esa mezcla de sentimientos de pesar por su deceso y alegría porque su arte ha entrado a la inmortalidad, queremos guardar distancias del aprovechamiento de quienes pretenden utilizar los sentimientos de la ciudadanía con ánimo de figuración o de distracción de la atención popular de los problemas fundamentales de la patria y la sociedad, por acción o complicidad de los medios.

Es así como vemos que el Canal del Estado (7), que muchas veces se ha negado a transmitir debates parlamentarios u otros sucesos de trascendencia para la vida del país, difundió durante largas horas, hasta la madrugada de ayer, esa especie de vigilia musical que, en homenaje al “Zambo” realizaron los cantantes criollos en las cercanías del Museo de la Nación.

No han faltado voces que consideran que la tragedia de la pérdida de un cantor del pueblo puede estar siendo convertida en un circo para distraer a los peruanos de problemas fundamentales. Para que nadie se fije, por ejemplo, en que al presidente lo hicieron salir a paso ligero de Puno, los puños crispados y los gritos indignados, que lo llamaron, en su cara, “figureti”, cuando fue al hospital a ver al “Zambo”, ya fallecido.

Que nos olvidemos, en fin, que en Paita el espíritu del Gran Almirante está indignado porque han entregado a los chilenos el puerto de su infancia; que hagamos la vista gorda de la corrupción y la podredumbre, de la impunidad de los crímenes de lesa humanidad y de la burla a la justicia por quienes están llamados a hacerla respetar. Que ya no pensemos en el desempleo, la educación harapienta y la salud desprotegida.

Los romanos decían que al pueblo había que darle pan y circo para que esté tranquilo, pero en el Perú de hoy la consigna parece ser mucho circo, aunque sin pan, a la luz de las pavorosas cifras de desnutrición y enfermedad que nos laceran. Pero el engaño de ninguna manera dura para siempre y los montajes mediáticos son cada vez menos efectivos.


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