Cayó la farsa

La puesta en escena de fotos lastimeras, falso pedido de perdón y firma ambigua de la solicitud de indulto, conmovedoras misas, todo para conseguir la libertad para el preso de la Diroes, logró en un primer momento manipular a muchos peruanos bienintencionados y desinformados adrede por los medios de prensa añorantes de la dictadura, que batieron palmas con las primeras encuestas que arrojaban una mayoría circunstancial y sesgada que aceptaba el posible indulto, principalmente por creer, por efecto de la propaganda, que lo merecía por ser lo que podría llamarse un pobre anciano que vivía sus últimos días.

| 10 noviembre 2012 12:11 AM | La Primera Palabra | 685 Lecturas
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Durante meses habían presionado al jefe del Estado, habiendo llegado a exigirle, con insólito desparpajo, que indultara de oficio al condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción, y a acusarlo de no mostrar voluntad de conceder la gracia; ante lo cual el Mandatario dijo hace unas semanas que dejen de estar especulando políticamente con el tema y, si ese era su interés, que pidan el indulto.

Con mayor desparpajo aún, pretendieron que lo dicho por el Presidente implicaba un compromiso y poco menos que reclamaron que procediera de inmediato y a regañadientes aceptaron someter su pedido a los trámites de rigor.

Lo primero que se desinfló fue la versión de que el preso estaba gravísimo –mostraron una foto indigna de una herida en la boca como si fuera cáncer-, amplificada por las rabonas mediáticas del fujimorismo. Pero profesionales de prestigio y ajenos a las pasiones políticas dejaron pronto en claro que no era un enfermo terminal, sino un paciente con un cáncer bajo control médico adecuado, y la primera causal que podría justificar el indulto se vino abajo.

Entonces buscaron acogerse a la otra causal, la de padecer una enfermedad grave, incurable y avanzada, que pudiera empeorarse por las condiciones de prisión, pero la prensa no comprometida con la campaña hizo público que el preso no estaba en una cárcel cualquiera, sino que disponía de más de diez mil metros cuadrados, sus dominios, en los que tenía todas las comodidades, y los conjurados intentaron negarlo.

Allí comenzó a caerse el tinglado, cuando el menor, en edad y luces, de los hijos del preso, pretendió negar esas revelaciones y dijo que su condenado progenitor solo tenía algunas habitaciones, comedor de visitas, sala de recibo y otras comodidades.

La publicación de las fotos en LA PRIMERA y otros medios terminó de derrumbar la farsa montada, asombrando a los peruanos los aposentos que demuestran que el preso vive a cuerpo de rey, con un tópico a su exclusiva disposición, sala de pintura y otras gollerías.

Ante la indignación general, por la mentira descubierta y los injustos privilegios, ahora pretenden que igual el gobierno tiene que indultarlo, que igual el muelle y grato encierro le hace daño, y pretenden que lo importante no es la farsa develada, sino el origen de las fotos y que estas hubieran llegado a la prensa.


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