Cambios militares

Los intentos de dar a los cambios militares dispuestos por el gobierno un contenido oscuro y negativo, haciendo analogías sin sustento con la manipulación de las Fuerzas Armadas practicada durante un régimen dictatorial, a cuyo regreso, no hay que olvidarlo, le cerró el paso el mandatario que ahora dispone esos cambios.

| 23 agosto 2011 12:08 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Supuestos conocedores de las interioridades de los cuarteles, que parecen responder a intereses de grupos allí existentes, y repentinos defensores celosos de la institucionalidad castrense, se han dado a la tarea de querer impugnar designaciones por el solo hecho de que los nominados pertenecen, como decenas de otros oficiales, a determinada promoción de oficiales del Ejército integrada por un asesor presidencial.

A partir de allí se tejen una serie de especulaciones en las que subyace la pretensión de que la estructura jerárquica de las Fuerzas Armadas se mantenga intocada, como la dejó el gobierno precedente, sin que la nueva administración, como lo han hecho todas antes, haga los nombramientos que se adecuen a su visión de lo que considera debe ser la conducción de las instituciones de la defensa nacional, con respeto a jerarquías y méritos.

Las conjeturas se enmarcan en una ofensiva que parece querer desgastar tempranamente al gobierno, negándole la tradicional “luna de miel” o tolerancia de al menos tres meses que se concede a todo nuevo gobierno.

Otra es la visión de importantes exjefes de las Fuerzas Armadas y expertos civiles en temas militares, que coinciden en que es absolutamente normal que el Poder Ejecutivo escoja entre los oficiales del rango y la antigüedad correspondientes, a quienes estima son los mejores hombres para ocupar los mandos de las Fuerzas Armadas.

Han señalado esas voces que no hay nada extraño en los relevos dispuestos y menos la sombra de la mafia delincuencial que manejó como una banda a la oficialidad, llevándola por el camino del crimen, la corrupción y la impunidad.

Es de esperar que, como demostración cabal de que soplan vientos de cambio, los nuevos mandos terminen de limpiar los resabios de esa época y recuperen al fin a plenitud la dignidad y el honor que la dictadura arrebató a las Fuerzas Armadas, por obra de quienes ensuciaron el límpido uniforme que la Patria les entregó para defenderla.

Esa debe ser la preocupación de los demócratas, en lugar de atribuir a priori y prejuiciosa y negativamente fines aviesos a quien está tomando decisiones imprescindibles para conducir el país y sus instituciones fundamentales, con nuevos criterios de transparencia y democracia.

Que la crítica sea implacable para que las decisiones futuras se orienten en esa dirección y para que las Fuerzas Armadas estén cada vez más cerca de la ciudadanía y sus anhelos de justicia e inclusión.


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