Avanza el consenso

Independientemente de que hay responsabilidades que deslindar por las muertes de las últimas semanas y al margen de la justa indignación y el dolor que ellas nos causan, es necesario buscar entre todo lo negativo aquello que nos unifique y nos aliente a conquistar la paz, que siempre debe ir de la mano con la justicia.

| 06 mayo 2012 12:05 AM | La Primera Palabra | 806 Lecturas
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Ello de ninguna manera significa dejar de lado el criterio manifestado por nuestro diario editorialmente, de que el Presidente de la República debe revisar la permanencia de los dos ministros responsables políticos de lo sucedido y de los yerros cometidos, así como de los mandos militares que correspondan; ni significa plantear que el Congreso deje de lado el debate de la censura pedida para los ministros cuestionados, por casi todas las bancadas parlamentarias.

En esa búsqueda de lo positivo, podemos ver con satisfacción que gana consenso la vía de hacer que el Estado siente presencia en el Vrae, con caminos, escuelas, obras de desarrollo, servicios, protección social, seguridad y todos aquellos beneficios que un país está obligado a darle a todos sus ciudadanos, y de los que carecen los pobladores de ese territorio agreste, olvidado desde siempre y en las últimas décadas por aquellos que hoy claman sin descaro y pretenden dar lecciones sobre cómo tener éxito en la lucha contra la subversión, en la que tantas veces fracasaron.

En ello van coincidiendo desde el Presidente de la República, que ha señalado que esa labor es el eje de su estrategia para recuperar los territorios en los que se han atrincherado los fanáticos enemigos de la democracia, hasta sus opositores, que así lo van comprendiendo, las armas del desarrollo social y económico como fórmula para privar a los narcoterroristas de las condiciones que les permiten operar y hasta obtener la neutralidad y en algunos casos el apoyo de los habitantes de esas zonas postergadas.

Atrás van quedando las concepciones maximalistas que hablan de bombardeos y de lanzar ofensivas militares masivas, cuya inutilidad ha quedado trágicamente demostrada por el dominio privilegiado que el enemigo tiene del terreno, en el que se ha posicionado desde hace largo tiempo, amparado por la ausencia del Estado.

La prioridad a las acciones sociales y económicas, ciertamente, debe ser complementada en lo militar con ajustes en la preparación, el equipamiento, la logística, la aplicación de medios tecnológicos de punta y el uso de tropas experimentadas, para enfrentar eficientemente a los enemigos de la democracia también en el campo militar.


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