Autoridad moral

Los congresistas tienen, sobre todo, derecho a opinar sobre los grandes temas nacionales, a abordarlos con intensidad y pasión, y hasta están obligados a defender sus puntos de vista con ardor y sin medias tintas, sin que nadie pueda osar censurarlos o acallarlos.

| 08 mayo 2012 12:05 AM | La Primera Palabra | 682 Lecturas
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Pero ese ejercicio cívico y político, parte de sus deberes, requiere de requisitos que incluyen el respeto al país, a sus electores y a sus colegas, el sentido común, el estudio y el conocimiento del tema y otras condiciones.

Un requisito indispensable para opinar o juzgar es la autoridad moral, que solo dan la conducta, el conocimiento del tema, la prescindencia de intereses económicos o sectarios y, particularmente, no tener lo que tradicionalmente se conoce como rabo de paja.

Debemos tener en cuenta esas condiciones en las vísperas de lo que parece ser un debate crucial sobre la censura de dos ministros, sobre los cuales este diario ha fijado posición, en forma serena y principista, sin pasiones y con la autoridad que nos da el haber defendido siempre la democracia y los intereses nacionales.

Lamentablemente, en la intensa polémica desatada por las trágicas pérdidas y los graves errores registrados en el combate al narcoterrorismo y sus golpes arteros e impunes, hemos escuchado voces de personajes que, por pudor o humildad, deberían ser más reservados en el tratamiento del tema.

Casi a diario escuchamos recriminaciones al gobierno y a las fuerzas del orden y hasta lecciones sobre como combatir a la subversión, palabras a raudales que lanzan personajes que han tenido responsabilidades en regímenes anteriores en la lucha contra la violencia del Vrae y que en su momento fracasaron en toda la línea, por lo que no tienen autoridad para hablar.

Así tenemos a un jefe militar hoy retirado que hace unos años anunciaba el inicio de una ofensiva supuestamente final que en cuestión de meses iba a tomar las bases de la facción senderista que opera en el Vrae, con lo mejor de las tropas de las tres armas, objetivo que, obviamente, nunca se cumplió.

También hay en ese carnaval de críticos, dos exministros que tampoco impidieron que los narcoterroristas siguieran consolidando su presencia en ese territorio, uno que estudió para guardián de prisiones y, merced a oscuros vínculos con el aprismo, llegó hasta ser ministro, y otro que corrió similar suerte y no pasó de montar psicosociales que darían risa si no fuera por lo indignante y torpe que resultaban sus maniobras para distraer al gobierno.

La lista no es corta e incluye a un exmarino que fue jefe en el Vrae y, demás está decirlo, tampoco hizo mucho, otros exjefes militares y hasta alguien que fue ministro hasta hace menos de medio año sin conseguir logros y hoy recrimina al régimen que integró.


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