Atinada sanción

Mucho antes de que se instalara el pleno del Congreso anoche para tratar sobre el grosero escándalo protagonizado por una parlamentaria fujimorista durante la toma de posesión del Presidente de todos los peruanos, la ciudadanía había emitido un fallo espontáneo y casi unánime a favor de que la provocadora congresista fuera sancionada en forma contundente y ejemplar.

| 03 agosto 2011 12:08 AM | La Primera Palabra | 709 Lecturas
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En los comentarios sobre el caso de los lectores de las páginas periodísticas de Internet, en las opiniones expresadas por radioescuchas y televidentes ante consultas de los periodistas, el sentir era unánime: el Congreso debe hacer respetar a la Nación y hacerse respetar, sancionando sin contemplaciones la afrenta de gritar desaforadamente sin respetar la investidura presidencial ni la solemnidad de un acto que sintetizaba el acatamiento de la voluntad mayoritaria de la ciudadanía.

Una encuesta había arrojado que casi 70 por ciento de los peruanos condenaba la provocación de la legisladora fujimorista y por calles y centros de trabajo el clamor era general, a favor de un castigo que siente un precedente de respeto a los poderes del Estado, la democracia y los visitantes extranjeros que pasaron la afrenta de tener que asistir a un escándalo y que, con el castigo acordado anoche, pueden sentirse reivindicados.

La afrenta tiene el agravante de que la provocadora se había permitido desconocer al Presidente de la República por haber prometido honrar el espíritu, los principios y los valores de la Constitución de 1979, gesto que ofendió a quienes aplaudieron el pisoteo de esa Carta Magna. Peor aún, el personaje sancionado llegó al extremo de llamar a las Fuerzas Armadas a que derroquen al Presidente de todos los peruanos, lo que no solo merece una sanción legislativa, sino que es un delito que amerita juicio y castigo ejemplares, porque nadie puede impunemente llamar a un cuartelazo, por lo demás, inviable.

Y que el fujimorismo no diga que fue víctima de un supuesto autoritarismo de la bancada oficialista, pues todas las bancadas, al margen de sus diferencias políticas e ideológicas, y de tener diversos criterios sobre la gravedad de la ofensa inferida al país, aprobaron el castigo, que fortalece a la democracia y a la institución parlamentaria.

Los nostálgicos de la dictadura, los fanáticos neoliberales que no se resignan a haber sido derrotados y a aceptar que ha triunfado la opción del cambio en democracia, están notificados: la democracia tiene congresistas dispuestos a sacar la cara por ella y castigar como se merece cualquier provocación que pretenda menoscabarla, con la indisimulada complicidad de cómplices mediáticos que siguen con la dinámica de mentiras y manipulaciones, que el pueblo derrotó con su voto el 5 de junio.


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