Apoyo al diálogo

La decisión y destreza que los facilitadores del diálogo van demostrando en la conducción de la fase preliminar o inicial de un proceso que, ojalá, nos lleve por el camino del entendimiento para la solución del conflicto en torno al proyecto minero Conga, es digna de destacar y refuerza la convicción ciudadana de que ese esfuerzo de concertación merece el respaldo de todos.

| 15 julio 2012 12:07 AM | La Primera Palabra | 779 Lecturas
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Hacen bien, en una situación polarizada hasta el extremo de haber costado ya cinco valiosas vidas y haber dado lugar a un enfrentamiento entre hijos de una misma Patria, en haber asumido una actitud imparcial y equidistante de las partes en conflicto.

De esa manera, podrán acercar a las partes hacia ellos, hacia el terreno de la apertura a escuchar al contrario y discutir sus puntos de vista; podrán invitarlos o exhortarlos con menor o menor vehemencia a tomar decisiones y dar pasos que alimenten la confianza y desmonten la beligerancia, a fin de crear condiciones para los indispensables entendimientos.

Así, según los planes de los facilitadores, llegará el momento en que las partes traten directamente y lleguen a acuerdos, auxiliados por la Iglesia Católica, a ambos representan. Luego, esperan quedar como garantes, suponemos que para monitorear la ejecución de los acuerdos y velar por su pleno cumplimiento.

Compartimos el criterio de que ha llegado el momento, para avanzar en esa dirección, de que el gobierno acredite sus representantes en las conversaciones, y de que ambas partes hagan gestos de distensión, como el cese de medidas compulsivas; algo así como un alto al fuego, indispensable para seguir dialogando y cotejando posiciones. Para ello, las partes deberán dejar sin efecto las medidas compulsivas que han adoptado, como la huelga general, de un lado, y el estado de emergencia, del otro.

La abrumadora tarea que han asumido los dos representantes de la jerarquía católica peruana se ve por cierto alentada por los resultados de dos procesos de diálogo que en días pasados confirmaron que el diálogo y el entendimiento, no el uso de la fuerza, son la vía de solución de los conflictos.

La mesa de diálogo de Espinar, en la que todavía están por verse temas claves, como los juicios contra el alcalde y otros dirigentes, ha comenzado a dar frutos; y le de Quellaveco ha derivado en el otorgamiento de la licencia social al proyecto minero, por parte del gobierno regional de Moquegua.

Ciertamente, ninguna región se parece a otra y no hay dos conflictos iguales, pero esas experiencias demuestran que entenderse entre peruanos es posible, y confirman que nada resuelve la tozudez de quienes sirven irreflexivamente a intereses empresariales y que sostienen que los problemas sociales son problemas de orden público que deben enfrentarse con la represión, la cual ha demostrado que solo abre más heridas, más confrontación y más resentimiento.

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