Amenaza chilena

Los minuciosos informes que este diario ha publicado sobre la magnitud y las características de la obsesión armamentista chilena y los comentarios sobre el hecho que no se trata solo de la arrogancia de un vecino que quiere lucir sus armas para amedrentar a la región, ponen sobre el tapete la necesidad de una política nacional, de consenso y democrática, que apunte a fortalecer la defensa para lo que es su objetivo esencial: disuadir a quien piense en alguna empresa belicista como las que ha sufrido el país a lo largo de su historia, con resultados dolorosos por la imprevisión y el exceso de confianza de los gobernantes.

| 20 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 4.3k Lecturas
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Al amparo de políticas peruanas conciliadoras y de ojos cerrados ante el belicismo del vecino, como aquella insensata de las “cuerdas separadas” –por la que Chile mostraba los dientes y presionaba en el tema del diferendo marítimo y al mismo tiempo hacía pingües negocios y ocupaba importantes áreas económicas en el Perú-, los militaristas de Santiago se han estado armando, equipando desmesuradamente y con equipos definitivamente ofensivos.

Barcos de desembarco que solo sirven para ocupar territorio enemigo, aviones no tripulados utilizados en operaciones de observación y espionaje pero también en ataques a países ajenos, submarinos preparados para invadir tierras ajenas y tanques para operaciones de largo aliento, son además estacionados en el norte de Chile, apuntando al Perú hasta usados en prácticas de invasión cuya hipótesis es obviamente nuestro país.

Sin amenazas bélicas importantes en su entorno, Chile se ha dotado de un enorme parque bélico que lo ubica, junto con Colombia, a la cabeza del gasto militar en América Latina, en contradicción con los esfuerzos de paz, desarme y distensión que el Perú y la mayoría de las naciones de la región propugnan para una convivencia sana y fraterna, sobre todo a nivel de la Unión de Naciones de América del Sur (Unasur), donde Santiago pretende que baste con notificar las adquisiciones para que todos queden tranquilos.

Expertos en materia militar regional han advertido que el poderío bélico chileno puede servir para una provocación militar fronteriza que desestabilice la región, teniendo en cuenta que está en camino el fallo que debe poner fin al diferendo de límites marítimos que Perú y Chile ventilan en la Corte Internacional de La Haya, y siendo muy posible que el dictamen no sea favorable a Chile.

Otras voces han señalado que es posible incluso que, ante la presión de sus sectores militares extremistas y chauvinistas, Chile desate una guerra total contra el Perú, que nadie desea pero que, de producirse, no nos debería encontrar desguarnecidos.

Es necesario por tanto que, sin estridencias ni excesos indeseables y con gran sentido de responsabilidad, nuestro país fortalezca la defensa nacional, tan venida a menos por los gobernantes neoliberales que la sacrificaron bajo el suicida supuesto que su nuevo orden globalizado bajo los intereses de las transnacionales eliminaba la posibilidad de amenazas para la seguridad nacional.

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