Al fin un gesto

Finalmente, y lo reconocemos, en nuestro papel de críticos del gobierno, un poco de decoro y dignidad del Ejecutivo en el trato con Chile, lleno de sonrisas e injustificados gestos que sólo deben dispensarse a un país amigo, cuando el vecino del sur se empeña más bien en dejarnos en claro que es todo lo contrario, con su trato prepotente, su armamentismo y su falta de tacto para cuidar la relación con el Perú.

| 04 octubre 2009 12:10 AM | La Primera Palabra | 369 Lecturas
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Ha sido el propio presidente de la República quien, aunque sea a la hora undécima, dio su palabra, al rehusar una invitación de compromiso hecha por el gobierno chileno, para que el Perú –como quien dice “para que no esté molestando”- acredite observadores en las maniobras “Salitre 2009”, pretendiendo que con ello va a poner fin a las indignadas reacciones de quienes pensamos que esos juegos de guerra son una nueva provocación, porque el Perú es el enemigo hipotético, por llevar el nombre de “Tarapacá”, nombre del departamento peruano hasta la Guerra del Pacífico, en la que la rapiña del vecino se apropió del entonces cotizado salitre.

Y a hecho bien en señalar que la invitación fue tardía y que tal vez en otra oportunidad, aunque en vez de invitarnos a maniobras de guerra –a que veamos lo bien armados que están, que ya lo sabemos- sería mejor que nos inviten a actividades pacíficas y constructivas.

Suscribimos esa respuesta y la hacemos nuestra, pero creemos al mismo tiempo que el gobierno haría bien en dejar de lado la letanía, que podríamos llamar esquizofrénica, de decir que las relaciones van bien pese a que tenemos un diferendo en la Corte de La Haya –debido también a que el vecino no quiso resolver el problema limítrofe mediante el diálogo y la negociación, como lo hacen los verdaderos amigos- y a los constantes roces diplomáticos por las actitudes nada amicales de Santiago.

De ninguna manera es coherente tener relaciones económicas privilegiadas, que permiten al vecino copar actividades económicas claves en el Perú y hasta firmar con él un tratado de libre comercio que le es ampliamente favorable, haciendo abstracción, con el cuento de las “cuerdas separadas” de que la prioridad para Santiago es el diferendo y más concretamente ganarlo o imponer sus posiciones, por la razón o la fuerza, como dice su lema, norte de una clase política y una casta militar que, también, ha hecho escarnio de los derechos de su propio pueblo.

Dignidad y firmeza, debe ser el trato responsable y pacífico, pero sin dobleces ni vacilaciones, que dispensemos al vecino más conflictivo de la región.


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