Actitud decorosa

Hubiéramos querido dedicar estas líneas a solidarizarnos con nuestro colega Efraín Rúa, condenado a dos años de prisión suspendida por haber molestado al joven hijo del presidente, situación que creíamos sólo podía darse en una república bananera. O hablar del escandaloso caso del cambio del reglamento del servicio ferroviario para que empresas que no aprobaban las exigencias de ese reglamento, puedan operar en la vía férrea Cusco-Machu Picchu.

| 20 setiembre 2009 12:09 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Hemos preferido, sin embargo, manifestar sin titubeos nuestra solidaridad con los ministros, congresistas y militares peruanos que, con directiva oficial o sin ella, se abstuvieron de asistir a la recepción del Día Nacional de Chile, obvio gesto de desagrado por los constantes desplantes oficiales, declaraciones gubernamentales provocadoras y expresiones extraoficiales hirientes que la prensa chilena -oficialista militante cuando de ir contra el Perú se trata- difunde con diligencia y entusiasmo.

Como bien lo señala el embajador Luis Solari en esta edición, ya era hora de una reacción de ese tipo, porque el país está cansado de tantas actitudes impropias de un país que dice ser nuestro amigo y que se esfuerza una y otra vez en demostrar o amenazar con lo contrario, como la de realizar maniobras militares contra un vecino ubicado al norte, siendo que el único país inmediatamente al norte de Chile es el Perú, y llamarlas “Salitre”, habiendo sido el salitre uno de los objetivos de la guerra de rapiña lanzada en 1879 contra del Perú y cuyas secuelas persisten, 130 años después.

Aquí en LA PRIMERA somos muy críticos del gobierno y es público que no compartimos a pie juntillas las posiciones del Ejecutivo en materia de política internacional, que consideramos deja mucho que desear. Pero a la hora de cerrar filas en torno a una actitud decorosa, de ninguna manera nos negamos y lo hacemos abierta y claramente, respaldando el gesto de nuestras autoridades civiles y militares.

Debemos dejar al mismo tiempo sentada nuestra posición, en el sentido que la situación de nuestras relaciones con Chile evidencia el fracaso de la política de apaciguamiento y vista gorda que el inquilino de Palacio de Gobierno ha mantenido, y que el vecino ha entendido como debilidad y obsecuencia poco viril, y es en buena medida la causa de que la prepotencia chilena haya llevado las cosas a los extremos presentes.

Muchas situaciones desagradables nos hubiéramos ahorrado si nuestras autoridades le hubieran dicho basta a la arrogancia vecina con anterioridad. Y nos evitaremos muchas más si el gobierno y la diplomacia no reculan ni vuelven al juego absurdo de las “cuerdas separadas” y de la ilusión de creer que no pasará nada porque las relaciones económicas son muy importantes y convenientes para Chile. Errores de este tipo generalmente cuestan caro a las naciones.


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