A esperar con madurez

Ha terminado la notable exposición de los representantes peruanos en la Corte de La Haya, los que han demostrado de manera indubitable y jurídicamente sólida, que el Perú tiene razón al plantear que no existe un tratado de límites marítimos con Chile, que el tribunal debe por tanto entonces fijarlos (nuestro vecino no quiso una negociación para definirlos).

| 12 diciembre 2012 12:12 AM | La Primera Palabra | 627 Lecturas
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Y debe hacerlo conforme al derecho internacional y a la jurisprudencia de la propia corte, con una línea equidistante, que parta del Punto Concordia, donde corresponde según el tratado de 1929 y donde, como indican el derecho y el más elemental sentido común, termina la frontera terrestre y comienza la marítima: en la orilla del mar.

Debe además terminar con la pretensión de nuestro vecino de privar al Perú del llamado “triángulo externo”, espacio de nuestras 200 millas que, al aplicar Chile su posición unilateral de que el paralelo geográfico es la frontera marina -cercenando nuestra proyección maritima, por la superposición entre esta y la chilena-, queda separado de nuestro mar.

Como bien han dicho nuestro Canciller y nuestro agente en La Haya, ahora hay que esperar con madurez y responsabilidad el fallo de La Haya que pondrá fin al diferendo, determinando cual debe ser la frontera, esta vez sí aceptada, a priori, por los dos países, y luego ver las relaciones con Santiago con visión de futuro, para que sean equitativas y de mutuo respeto y beneficio, como corresponde a los buenos vecinos.

El proceso ha concluido en lo que respecta a lo que pueden hacer para defender sus puntos de vista los litigantes, y lo demás queda en manos de los jueces, que se dedicarán en adelante a preparar su dictamen, que se prevé presenten a mediados del próximo año.

En realidad para ello habrá que esperar la jornada final de los alegatos chilenos, que se prevé serán reiterativos en el intento de convencer que una proclama tripartita de jurisdicción marina sobre 200 millas para proteger la riqueza hidrobiológica, firmado con este fin, es un tratado de límites; que hay decisiones peruanas que pueden entenderse como aceptación de semejante pretensión, y que da igual que la frontera marítima comience en la orilla del mar que tierra adentro.

Volveremos también a escuchar invocaciones que entre líneas dicen que, como no había derecho del mar cuando Chile puso su frontera, pues vale una frontera comparable con la famosa ley del embudo. No podemos predecir el fallo, pero sí afirmar, sin triunfalismos, que la razón ha tomado partido por el Perú.


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