A dos semanas

El 3 de octubre es una fecha con muchas reminiscencias históricas. Y todo indica que el que se viene marcará un nuevo hito para ser recordado por mucho tiempo. El proceso electoral para la municipalidad de Lima Metropolitana que pudorosamente quería ser encasillado como un evento vecinal y técnico, ha desbordado estos límites y se ha convertido en una gran decisión política.

Por Diario La Primera | 19 set 2010 |    

Esto podía suponerse de antemano si al iniciarse la contienda la que aparecía como favorita era una abogada dos veces candidata presidencial, que bajaba un escalón en sus pretensiones pidiendo el voto a una ciudad que siempre había votado por ella. Esto, por cierto, no era un hecho vecinal sino intensamente político. Se trataba de probar que la concentración poblacional más grande del país (cerca de la tercera parte del electorado nacional) era fiel a las posiciones conservadoras.

Tampoco la postulación de Alex Kouri podía tomarse como aséptica, por más que sus banderas centrales fuesen la experiencia y la eficiencia. Si se trataba de probar estas cualidades más le habría valido seguir fortaleciendo su bastión chalaco donde las mejoras urbanas coexisten con profundos males sociales como la delincuencia y la corrupción. Si Kouri se vino a Lima, tan apurada e improvisadamente que dejó tremendos cabos sueltos que al final le costaron la tacha, es porque vio la posibilidad de captar el voto que llevó al congreso a Keiko Fujimori y fortalecer este sector para las presidenciales del siguiente año. Un Kouri ganando en Lima equivalía a un preanuncio de que el Perú estaba volviendo hacia los años 90. Muchos iban a votar por Lourdes para cerrar esa posibilidad, lo que era decididamente político.

Finalmente, aunque Susana Villarán haya repetido que no quiere apoyos, porque la elección en la que participa es “vecinal”, la verdad es que tanto su sorpresivo ascenso como la encarnizada lucha que se libra ahora por bajarla, son datos políticos indiscutibles. No sólo porque representa de alguna forma una reivindicación de la izquierda en la ciudad de Lima cuyo antecedente se remonta al lejano 1983, cuando se eligió a Alfonso Barrantes de Izquierda Unida, sino porque más allá de ideologías lo que esta señora está recogiendo es un inmenso sentimiento a favor de una alternativa. Muchos limeños, y seguramente muchísimos peruanos, quieren nuevos gobiernos y gobernantes. Lamentablemente Lourdes Flores es ya un personaje de la política tradicional y ha perdido el encanto que muchos le reconocieron durante los años finales del primer gobierno de Alan García. El desgaste de su figura y su propuesta está triando a los electores hacia otra parte. Y es un gusto que después de mucho tiempo no se tenga que elegir por males menores que después resultan mayores.

A dos semanas de ir a las urnas nos debemos felicitar que los limeños y los peruanos sepamos defender nuestro voto frente a cualquier tipo de presiones. Por eso esperamos que en el último tramo de la campaña dejemos de jugar al miedo del elector y podamos escoger libremente.

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