¿A quién beneficia el crimen?

Las llamadas telefónicas de voces anónimas y cobardes que notifican falsamente la colocación de bombas en empresas, centros académicos, negocios y otros puntos, han sido adecuadamente llamadas maniobras de terrorismo blanco que pretenden sembrar la inseguridad y el temor entre la población.

| 18 setiembre 2011 12:09 AM | La Primera Palabra | 1.2k Lecturas
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Se trata, como bien ha señalado un asesor gubernamental, de armas de guerra sucia psicológica que suelen usar sectores de extrema derecha. Las han puesto en práctica en otros países latinoamericanos, para sembrar el miedo y hacer que la ciudadanía se sienta insegura y culpe de la zozobra al gobierno.

Presas del pánico, los ciudadanos terminan inclinándose por un régimen de fuerza o sometiéndose a él, para su desgracia, pues lo que sigue es siempre el atropello a los derechos ciudadanos, a las libertades y a los derechos humanos; la destrucción de la democracia.

El guión se ha repetido hasta el cansancio y asoma esta vez en el Perú, con repercusiones mediáticas que amplifican la alarma de los conspiradores y alientan, muchas veces inocentemente, el miedo que quieren inculcar las fuerzas oscuras que manejan los hilos del terrorismo blanco.

Además de los antecedentes históricos, hay que buscar a los beneficiarios de una campaña de ese tipo, en una coyuntura política en la que un gobierno empeñado en el cambio moderado y responsable, con crecimiento para la inclusión social, congrega consenso social y político y motiva grandes esperanzas ciudadanas.

La nueva administración ha logrado en unas cuantas semanas aliviar notablemente tensiones y preocupaciones, en una sociedad que, tras el cumplimiento de las primeras promesas del nuevo Presidente, comparte los objetivos de la nueva administración.

Inclusive aquellos sectores desafectos a ella inicialmente, van cayendo en la cuenta que el cambio no provoca enconos y violencia, como les habían hecho creer que ocurriría, sino que, por el contrario, crea condiciones para el diálogo y la solución de los conflictos sociales, en paz y concordia.

Ello se refleja en la relativa tranquilidad con la que han reaccionado ante las provocaciones del terrorismo blanco. No hemos visto escenas de angustia y pánico como en otras épocas, sino orden y reacciones mesuradas.

Romper este nuevo clima solo puede servir a quienes han quedado sin discurso ni proyectos alternativos –se han tenido que sumar a las propuestas y decisiones del cambio, para evitar el repudio popular-. Solo puede convenir a los enemigos del cambio.

La campaña en marcha aprovecha inclusive el asesinato de dos valerosos oficiales del Ejército, víctimas de la insanía terrorista y desquiciada que, desde el otro extremo, sirve a los objetivos de quienes odian el cambio y quieren impedirlo.

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