El asomb ro de Mario

El nombre de Peter Englund, un emisario con un terno gris y elegante, con la cabeza brillante cual hoja en blanco le dijo al mundo la decisión más feliz que tienen las letras latinoamericanas desde hace dos décadas, cuando el mexicano Octavio Paz se hizo del galardón. Con esto, Englund promete ser el nombre de una calle peruana, lo dijo en tres idiomas y por supuesto, el que estaba siendo homenajeado es el español, idioma de Vargas Llosa que a pesar de la doble nacionalidad se refirió exacto a esas dos que se unen con encanto mayor, acaso el único nacionalismo dulce y entrañable: “…al escritor peruano…”. Difícil de olvidar.

Por Diario La Primera | 08 oct 2010 |    
El asomb ro de Mario
La Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura 2010 al escritor peruano Mario Vargas Llosa.

Más datos

Se publicará el 3 de noviembre El sueño del celta, su último trabajo literario. El libro narra la historia del irlandés Roger Casement, quien fue cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX. Casement denunció el “genocidio”, cuando el Congo este estaba bajo el control del rey belga Leopoldo II y también lo hizo con los abusos a los indígenas en la Amazonía.

PREMIO

Se otorga cada año a personas que hayan hecho investigaciones sobresalientes, inventadas técnicas o equipamiento revolucionario o hayan hecho contribuciones notables a la sociedad. Cada premio consiste en una medalla de oro, un diploma conmemorativo y una retribución monetaria de bastante consideración El premio que recibirá el novelista es 10 millones de coronas suecas (1,5 millones de dólares).

ALEJADO DE GARCÍA

Cosa curiosa: Mario Vargas Llosa se alejó del gobierno y ganó el Nobel. En sus últimas participaciones en la agenda de este gobierno, el escritor renunció a la dirección del Museo de la Memoria, por un desacuerdo con las medidas tomadas por el Presidente, generadas por el ex ministro de Defensa Rafael Rey en torno al indulto al asesino Grupo Colina. En horas de la mañana, el ya nobel de Literatura reiteró que sus relaciones estaba distanciadas del Mandatario. La última carta de Mario Vargas Llosa, renunciando a la construcción del lugar de la Memoria, expresa su desacuerdo con Palacio.”Mi actual relación con el Gobierno peruano y con el presidente García fue cuando presenté mi carta de renuncia. Tuve una conversación por teléfono con el Presidente, y él me aseguró que la ley se deroga y fue así, pero después no tuve contacto con él. Sólo he tenido una conversación con Ossio (Ministro de Cultura), un buen amigo mío pero se interrumpió con la llamada de otros periodistas”.

Y es que las reacciones de los periodistas, y el mundo, ante la consagración del autor de los Cuadernos de Rigoberto se amurallaron para escalar y sentir que, además de novelista, es un hombre comprometido con la libertad y la defensa de los derechos humanos, un demócrata liberal que a pesar de muchas ideas de sociedad algo anticuadas, hoy se celebra sus logros como hombre de letras, la ficción que trasciende en la realidad. Es una mañana inesperada, nadie por acá, ni el más optimista hubiese pensado que un jueves 7 de octubre el Perú flechó al Nobel para siempre.

Y es que el premio nadie lo esperaba. Para citar un ejemplo, el “ohhh”, entre los periodistas y a continuación ralos aplausos frente a Englund. La noticia rebotó en el Twitter peruano, y los noctámbulos no dejaron de tipear sus impresiones. Total, la alegría de ser compatriotas, y haber leído algo del novelista daba derecho a réplica. En fin, ya, pues, y si no lo leíste con mayor razón – como el caso del cardenal Cipriani, que claramente, al declarar que no leyó ninguna obra del narrador, es un atentado a la propia preparación eclesiástica, en historia política y tiempo, en fin-. La gloria también pasa por la identidad y su despegue. Un país fragmentado ahora está unido por el reconocimiento. Las noticias se multiplican en miles de páginas irrepetibles.

Las primeras palabras en vivo y en directo, reflejan al escritor avasallado por la ola y cresta de la noticia. “Tengo ganas de esconderme en alguna parte, suenan los teléfonos”. Él fue el primero en saberlo, y paso a paso detalla al mundo su asombro, relajado, con los pies en la tierra, la voz no se le entrecorta, y sus palabras carecen de la intensidad del reclamo ante una coyuntura, la crítica de una obra, o la construcción de la institucionalidad democrática. No, no tenía ese nervio. El laureado escritor lo contaba en anécdota, como si le hablará a alguien cualquiera.

Precisamente el lugar donde lo agarró la noticia fue en Estados Unidos. Eran las 5 de la mañana. Le llamó el secretario general de la Academia Sueca y le dejó dicho que se prepare porque la noticia saldría en 14 minutos. El escritor, junto a ese fantasma que lo persiguió todos estos años, creía que era una broma, el premio más importante para las letras alrededor del mundo se le escapaba año tras año, lo volvió incrédulo y no era para menos. “Todavía no salgo de la sorpresa, porque algunos años ha sido siempre mencionado mi nombre, la sorpresa ha sido absoluta, si no sería una broma como le hicieron a Alberto Moravia, una broma de mal gusto, la noticia estaba en todas partes y entonces es un loquerío absoluto”, declaraba el escritor en Nueva York, donde había ido junto a su inseparable esposa Patricia para dar unas clases en la universidad de Princeton.

Pero la noticia rebotaba en los medios tradicionales al raquetazo como bolas de ping pong en sala desierta. Regresando al Twitter, los peruanos reaccionamos de diferentes formas. Mientras que Mario declaraba sus impresiones, el debate hacía mella. Que era de la U, que Arequipa está de fiesta, que estudió en la San Marcos, aparte de sus comienzos en la izquierda, y sus afrentas con Fidel Castro y Hugo Chávez, nadie las puede ocultar. Más de lo mismo. Lo cierto que lejos de estas mezquindades el Perú se alzaba en pensamientos, ideas, novelas, donde la categórica sentencia del motivo fundamental del premio retumbaba en mis oídos, pasando a digerirlo. De nuevo, Peter Englund, el secretario permanente de la Academia Sueca: “Por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”, algo que refiere al tema principal de su obra y ensayística conjunta, contra la tiranía, el absolutismo, y el cese de libertades.

Son las siete de la mañana y sigo en estado de shock. Giró hacia mi biblioteca y trató de encontrar, traspasando los libros de poesía aquellos que me hicieron deleitarme con la prosa vargallosiana. Con el primero que me encuentro es el Lenguaje de la Pasión (2001), unos ensayos pulso a pulso, extendiendo puentes con el escritor mexicano Octavio Paz, su último colega literato que ganó el nobel. Rápidamente y como un remolino de imágenes, se vino el entrañable personaje Zavalita, y ya no sé cuándo se jodió el Perú, sino cuándo volvió a soñar con el gran logro que nos trae un jueves, viernes chico de la victoria de la literatura peruana, mucho más. O la manera de entender a Pichula Cuéllar, en Los Cachorros, o las vivencias de cuándo estudió en el Leoncio Prado (La Ciudad y los Perros), con esa literatura de garras realistas, distanciándose de otros autores del llamado boom latinoamericano. Y llega 1977, con su Conversación en la Catedral, las presencias de necesarios experimentalistas a la hora de narrar. El uso del monólogo interior por varios cauces temporales. Cómo no revisar los apuntes de La Guerra del Fin del mundo (1981), donde se perfilaba una vez más disidente de cualquier crueldad y fanatismo religioso, una novela histórica de la trama de la insurrección popular del nordeste de Brasil, a finales del siglo XIX, y cuyos reflejos caerían, más tarde, en su obra La Fiesta del Chivo (2000). Estas situaciones saltan en la biblioteca personal, además de sus ensayos, por demás un oso hormiguero de la realidad política del país: en su incursión en la política a comienzos de los noventas, y El Pez en el Agua (1993), donde plasmó las memorias de su campaña presidencial, siendo protagonista acaso de su peor novela. También el eterno romance con las joyas de la literatura mundial: La Verdad de las Mentiras (1990). En fin, su obra es extensa y estaremos de acuerdo que hay un sinfín de opiniones de dónde se encuentra El mejor Vargas Llosa.

Sobre el premio Nobel, el escritor –y no sólo él-, el escritor ya había perdido las esperanzas. Al menos, le importaba poco o nada ganar la presea. “Hace años no pensaba en el Nobel, porque ni siquiera ha sido mencionado mi nombre en estos últimos años. Es una sorpresa agradable, una verdadera revolución… hay periodistas debajo del edificio. Doy clases en Princeton dos días por semana y no las puedo parar. Antes no puedo regresar al Perú, tengo viajes, y la próxima semana tengo que ir a Brasil para una conferencia, luego voy a España porque sale una nueva novela mía. La segunda semana de diciembre posiblemente llego a Lima, para Navidad que es una fiesta familiar”.

Y el Nobel para los escritores es como el mundial de fútbol para cualquier futbolista. Lo celebras con los seres queridos y los amigos. El ciudadano del mundo, entre España, Perú y los Estados Unidos, el mismo que estuvo en Palestina con una serie de reportajes sobre el conflicto palestino israelí –bajo el lente de su hija fotógrafa-, recuerda a su familia dispersa.

“Con la noticia, vamos a llamar a Álvaro, en Washington; a Morgana, en Lima; Gonzalo, en República Dominicana; pero Patricia me dijo que esperemos que sea oficial, y luego lo llamaríamos”.

Pero las palabras sentidas ante este premio pasan también por la memoria del escritor argentino Borges – curiosamente dicta clases con temática del eximio escritor bonaerense en la universidad neoyorquina-, y sin duda, la del poeta César Vallejo. “Me da un poco de vergüenza recibir el premio nobel al no recibirlo Borges, también la academia sueca se equivoca, pero no es el momento ni soy la persona conveniente para decirlo. Este es un premio de la Lengua, recae en 500 millones de personas en el mundo, en la literatura latinoamericana. Que repercuta sobre mi país, sobre los peruanos que escriben, está muy bien, hay muchos escritores que debieron recibir el premio, empezando por Vallejo”.

En torno al quehacer del literato, la disciplina siempre marcó con esas extensas horas de escritorio donde el oficinista en apariencia guardaba secretos en sus páginas que nadie leía, que sólo corregía y sacaba todos los demonios. “Todo lo que escribo me cuesta un gran esfuerzo, y me da placer también, haciendo las sumas y las restas ha sido un gran placer, con una gran exaltación y enorme ilusión, recuerdo con mucho cariño mis libros, mucha nostalgia, si algo me ha hecho gozar en la vida ha sido leer y escribir y encima que me premien me deja abrumado, ha enriquecido tanto mi vida, soy una persona muy privilegiada”, declaraba con el claroscuro del oficio.

El Nobel para Mario Vargas Llosa es sin duda un orgullo peruano, partiendo desde la literatura, en un país donde el analfabetismo hace leña a sus estadísticas, pues cae muy bien. Todos a ponernos al día con las novelas escritas para todos, ejem, ya podemos decirlo: “de nuestro nobel”.


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