Una cumbre prometedora

África y América Latina son dos espacios con geografías y culturas distantes, pero con un denominador común: los problemas de sociedades estancadas en su desarrollo que aspiran a un futuro mejor.

| 03 octubre 2009 12:10 AM | Informe Especial | 985 Lecturas
Una cumbre prometedora
(1) Histórica cumbre que unió a dos regiones. (2) La presidente argentina pidió ir más allá de la retórica. (3) Presidente libio propuso una alianza defensiva.
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África fue cuna de la humanidad, de allí proceden los primeros seres humanos, pero las posibilidades de desarrollo del tercer continente más grande del mundo se ven limitadas por su dependencia respecto a las economías más desarrolladas.

Con una división territorial de 53 países, el 50% de la población total africana, o sea 350 millones de personas, viven con menos de un dólar al día. No obstante, África paga cerca de $20,000 millones cada año a sus acreedores. La ayuda exterior lo empobrece, lo endeuda y aumenta el riesgo de conflictos civiles.

Paralelamente, América Latina tiene la característica de ser la región más desigual del mundo. El 25% de la gente sobrevive con menos de 2 dólares diarios. La desigualdad y la pobreza se manifiestan en la dificultad para acceder a los servicios básicos. En el 2003, existían unos 100 mil niños huérfanos y más de 17 millones de niños menores de 14 años estaban en necesidad de trabajar.

Parte de estos problemas fueron debatidos por los jefes de Estado que decidieron autoconvocarse en la II Cumbre América del Sur y África (ASA’2009), que culminó el domingo último con una declaración final en la que se destaca el compromiso de las naciones de afianzar relaciones, fortalecer las economías y luchar por el cuidado del planeta.

Sudamérica y África coincidieron en la necesidad de crear una arquitectura financiera birregional que les permita hacer frente a la crisis económica, a través de mecanismos de financiación que pongan fin a la dependencia con el Norte industrializado y prevenir los costos de la referida crisis.

Por cierto, una de las propuestas más relevantes fue la planteada por el mandatario venezolano, Hugo Chávez, que consiste en la integración del Banco de Sur con las estructuras financieras regionales en África. “Para traernos nuestras reservas (internacionales) del Norte (que) nos dan créditos con nuestra propia plata”, dijo Chávez.

Otro tema es el del intercambio comercial, en el que ambos continentes deben competir con productos fuertemente subsidiados. Productos que llegan sin pago de derechos debido a acuerdos onerosos como los tratados de libre comercio.

“El acceso al mercado de los países de África oriental y austral lo único que hace es fijar más las economías africanas a la estrategia de exportación neocolonial, basada en la mano de obra barata y las condiciones de trabajo degradantes para nuestra gente”, señala el grupo Rezistans ek Alternativ.

Por lo pronto, los líderes de América del Sur y de África sellaron en la Isla de Margarita una alianza entre ambas regiones cuyo reto es agilizar la integración mediante planes concretos. Los 66 países participantes se comprometieron a “fomentar la cooperación Sur-Sur”.

Asimismo, la llamada “Declaración de Nueva Esparta” establece instrumentos para reforzar el proceso de integración, como reuniones ministeriales regulares, y destaca el “Plan de Acción” decidido en esta II Cumbre para dotar al discurso político de planes concretos.

En los debates estuvieron presentes ocho presidentes suramericanos, Cristina Fernández, de Argentina; Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil; Evo Morales, de Bolivia; Michelle Bachelet, de Chile; Rafael Correa, de Ecuador; Fernando Lugo, de Paraguay, y Tabaré Vásquez, de Uruguay, además de Chávez.

Asistieron también al encuentro en la turística isla unos veinte mandatarios africanos, entre ellos el líder libio, Muamar Gadafi, y los gobernantes de Argelia, Abdelaziz Buteflika; de Zimbabue, Robert Mugabe; de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, y de Sudáfrica, Jacob Zuma.

Tanto desde Suramérica como desde África se elevaron las voces en favor de destacar la necesidad de tener “planes concretos” más allá del compromiso o la voluntad política.

Lula propuso crear “un grupo de trabajo fijo, permanente” que determine, aborde y avance sobre temas precisos que permitan a ambas regiones “llegar a la próxima cumbre con resultados”.

Su colega de Argentina, Cristina Fernández, también abogó por la creación de “instrumentos eficaces que puedan unir” las economías de las dos regiones para “pasar de la retórica unionista a la efectividad”, mientras el presidente de la Comisión de la Unión Africana (UA), el gabonés Jean Ping, pidió resultados “concretos”.

Moumar Gadafi, el dirigente libio y presidente pro-témpore de la Organización de la Unión Africana, cuya presencia creó la mayor expectativa entre la opinión pública, los delegados y los casi 500 periodistas acreditados, propuso en su intervención “la creación de una OTAN del Atlántico Sur”.

“En el sur están las riquezas, en el sur están las minas, pero se aprovecha de ellas el norte, nos convertimos en el patio de las riquezas que van hacia el norte”, dijo el líder libio.

Al final, Chávez dijo que en la II Cumbre América del Sur-África “se comenzó a escribir una nueva página” en las relaciones entre ambas regiones. “Yo estoy muy feliz. Esta cumbre es para la historia”, manifestó Chávez en el gran hotel donde se celebró la cita presidencial que concluyó el domingo con el reto de agilizar la cooperación entre los países de Suramérica y de África.

Los temas de la declaración final
La declaración final aborda la necesidad de fomentar “activamente el intercambio Sur-Sur”, basado en los “principios de transparencia, complementariedad, cooperación y solidaridad, que permita una distribución adecuada de los beneficios derivados del intercambio de bienes y servicios”.

El documento oficial plantea, entre otros puntos:

-Apoyo a la propuesta de reforma del Consejo de Seguridad de la ONU para adaptarlo a la realidad política actual, garantizando “una mayor participación de los países en desarrollo de las regiones suramericana y africana” con el “el fin de corregir los actuales desequilibrios”.

-Compromiso con “el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, así como la resolución pacífica de disputas”.

-Condena al uso de minas antipersonales por cualquier país del mundo.

-Condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones y rechaza “cualquier relación entre el terrorismo y una cultura, etnia o religión”.

-Exhortación a “fortalecer” los sistemas económicos de cada región, diseñar medidas de “protección financiera” e incrementar los intercambios comerciales.

-Acuerdo para”articular políticas para el logro de la seguridad alimentaria, incluyendo el acceso a los alimentos”.

-Reafirmación el papel del Estado en la definición de las políticas económicas y sociales y como actor económico y reconocimiento también del papel del sector privado.

-Llamado a aumentar “la cooperación energética entre las dos regiones y a crear las condiciones para el aumento de las empresas de ambas zonas”.

-Compromiso de “implementar proyectos conjuntos” en áreas tecnológicas, energéticas y minerales.

-Compromiso para intensificar lucha para erradicar “la pobreza y el hambre”.

Lucha contra el calentamiento global
Ante el negativo impacto del cambio climático sobre África, los países del continente exigirán a los estados desarrollados una indemnización anual de 67 mil millones de dólares, según se anunció.

Sin embargo, los analistas consideran que más que contribuciones millonarias se impone un cambio del modelo de desarrollo económico de las naciones más poderosas.

Tal realidad resultó enfocada por la Organización de la Unión Africana (OUA) en la primera Conferencia de jefes de Estado y de Gobierno Sobre Alteraciones Climáticas, desarrollada en Addis Abeba.

El foro también demandó a los llamados países del primer mundo (sobre los que pesa la responsabilidad histórica del recalentamiento global), entre ellos Estados Unidos, que reduzcan de inmediato en 40 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero.

La petición es congruente con la situación del llamado continente negro, considerado más vulnerable al riesgo climático, pues es afectado en mayor medida por persistentes sequías y plagas, entre otros fenómenos.

Según datos de las Naciones Unidas, 15 países africanos clasifican entre los 20 en el mundo, en que el potencial de desastres vinculados con el aumento de la temperatura global, es mayor.

Efraín Rúa
Editor Mundo


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