Un obispo croata-shipibo

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46), podría decir el obispo Zerdín. En la Semana Santa nuestra fe se pone a prueba. Jesús se entrega y muere, pero resucita. Tiene confianza en su Padre y nada lo detiene. Sabe que la vida superará a la muerte, por eso todos los que en él creen corren riesgos, confían, sueñan y viven.

| 16 marzo 2008 12:03 AM | Informe Especial | 1k Lecturas
Un obispo croata shipibo
El obispo Zerdín, de barba, encabeza una reunión de trabajo.
Monseñor Zerdín llegó hace más de 30 años a la selva peruana, a donde lo trajo su vocación.

Más datos

DATO

El “obispo shipibo” dejó su patria hace más de 30 años para dedicar su vida a los humildes, por cuya superación trabaja con denuedo, habiendo asumido sus problemas como propios, con la autoridad que se ha ganado quien ha sabido compartir sus problemas y sus anhelos.
1048

Mons. Gerardo Antonio Zerdín Bukovec, Ofm, nació el 11 de junio de 1950 en Lendava, diócesis de Maribor en Eslovenia. Es el actual obispo del Vicariato de San Ramón. Llegó al Perú en 1975 siendo aún estudiante de teología, llegó muy joven, con sólo 25 años. Aquí completó sus estudios teológicos. El mismo año, el 9 de noviembre de 1975 fue ordenado sacerdote y se fue a vivir con los shipibos en Atalaya (Ucayali). Como él dice, “es una vida bella, vivir en un pueblo pequeño, afrontar riesgos y problemas bien cerca, como uno de ellos, es algo muy interesante”.

Monseñor se ha ganado el cariño de su pueblo, de ese enorme pueblo de Atalaya y de todos los que conforman su Vicariato, de San Ramón, así como también de los pueblos vecinos. En el 2002 fue ordenado obispo. Pertenece a la Orden Franciscana. Lleva más de 30 años en la selva peruana, habla muy bien el shipibo y hay en su corazón una fusión cultural muy vital, una amalgama croata - shipibo.

Hay algo que recuerda siempre con particular asombro, haber visto al llegar situaciones de casi esclavismo entre los nativos de la selva. Era algo para no creer, pero era parte de la realidad a la cual se enfrentaba, con toda seguridad que se hizo la pregunta directa a su corazón creyente: ¿Estará Dios de acuerdo con estas relaciones de esclavo y amo en pleno siglo XX? Eso templó más su corazón de pastor, su apuesta sería muy concreta: promover la igualdad y la fraternidad.

Monseñor considera que a los habitantes de estos pueblos no se les consulta nunca; todo lo contrario, todos quieren sentirse dueños de la selva, a tal punto de querer venderla. No hay políticas que favorezcan a los indígenas, no se les respeta. Él ha firmado, junto a otros cinco obispos, un pronunciamiento que hicieron público en febrero, donde dicen:

“Los argumentos para la formulación de políticas de desarrollo en selva deben considerar los siguientes elementos: la seguridad jurídica de los territorios indígenas, la relación de los pueblos indígenas con estos territorios, el respeto a sus instituciones y autoridades, el derecho de consulta, la participación ciudadana y el cuidado del medio ambiente”.

Esta es su apuesta, para eso quiso ser pastor, discípulo misionero para devolverle a los nativos de la Amazonía la dignidad y la vida plena, confiados en el amor del Padre.

Luis Llontop
Colaborador


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD