Un lustro de fracasos y mentiras camufladas

A cinco años de la permanencia de las tropas estadounidenses en Iraq, George W. Bush debe pensar que los planes de guerra no se elaboran saboreando caramelos de menta. Hasta es probable que aborrezca esa golosina, a la que, según Bob Woodward, autor del libro Plan de Ataque, prestó más interés que a las explicaciones que le ofrecieron los militares en la primera reunión que convocó como presidente para impulsar la invasión al país mesopotámico.

| 23 marzo 2008 12:03 AM | Informe Especial | 531 Lecturas
Un lustro de fracasos y mentiras camufladas
Los soldados estadounidenses se mantienen en vilo ante cualquier ataque.
Los republicanos propagandizan una victoria estratégica en Iraq, pero la realidad los desdice todos los días.

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DATO

Bush había fundado la empresa petrolera Arbusto Oil, convertida posteriormente en Bush Exploration y luego vendida a la Harken Oil and Gas. Cheney era parte de los directivos de la petrolera Halliburton y Condoleezza Rice estuvo asociada a la Chevron.

Por su parte, Don Evans, Secretario de Comercio, fue presidente de la petrolera Tom Brown Inc.
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Cuenta Woodward que el referido encuentro se produjo el 10 de enero, es decir, a 10 días de acceder al sillón presidencial, y que una vez desatada la conflagración, el 11 de diciembre del 2003, durante una entrevista que le concedió Bush, éste, convencido de haber tomado la decisión correcta, aseveró que la opinión pública “tardaría aproximadamente unos diez años en entender el impacto y la verdadera significación de la guerra”.

No hubo juicio más desacertado. Esto se explica, entre otras cosas, por la ignorancia política del gobernante, la reacción hedonista al reconocerse emperador y el respaldo incondicional de la enorme maquinaria mediática del país, encargada de modificar la percepción de las masas sobre los verdaderos motivos del conflicto.

Ni él, ni el ensamblador de su imagen de estadista, Karl Rove, calcularon que los golpearía como un boomerang una frase preferida de este último: toda la historia se mide en función de los resultados finales.

Retórica del fracaso
Tras cinco años yuxtaponiendo propaganda para escamotear la verdad a la opinión pública doméstica y mundial, el gobierno estadounidense persiste en camuflar el fracaso de su carrera en la guerra contra Iraq.

No hay bajos costos de vidas y financieros que respalden la retórica del equipo de George W. Bush, ni avanza la ejecución de contiendas intensas y cortas contra la resistencia.

En fin, con sus declaraciones Washington sólo parece ganar tiempo, quizás el período que demore la campaña electoral o el lapso necesario para repensar una salida menos penosa que la prevista.

Para la sobriedad con que Washington presume ejecutar sus gastos bélicos, sorprende ver cómo cada día la administración despilfarra cientos de miles de millones de dólares en un drenaje monetario que el discurso triunfalista intenta ocultar.

Lo invertido por EU en su aventura bélica no compensa esas inversiones ni con el atraco a las fuentes petroleras ni con la tan mencionada reconstrucción, caracterizada por irregularidades financieras cuyos montos fueron a parar a bolsillos particulares.

Un éxito en el orden interno para la Casa Blanca ha sido la manipulación y desinformación en torno al conflicto, que logra mantener a sus conciudadanos en la ignorancia parcial o casi total de los acontecimientos. Un reciente estudio arrojó que el 72 por ciento de los norteamericanos desconoce gran parte de lo que realmente sucede en las arenas iraquíes.

Paramilitares
Los llamados Consejos del Despertar –identificados como grupos de autodefensa– son un ingrediente novedoso de la campaña militar en los últimos meses, y funcionan como células paramilitares asociadas al mando de Estados Unidos.

Esas formaciones son pagadas y armadas por el ejército norteamericano y en la práctica sirven como carne de cañón para reducir las pérdidas entre sus filas.

Lo cierto es que la creación de esos Consejos muestra la incapacidad de las tropas extranjeras y el ejército nacional de recomponer al país. (PL-Ahora)

Un desastre peor que Vietnam
El ánimo en la Casa Blanca no es bueno. Muchos compañeros de George W. Bush ya se fueron y al presidente se le ve considerablemente envejecido en su último año de mandato.

En el centro de su fracasada presidencia se sitúa la guerra de Iraq, cuyo fin no se vislumbra, pese a todas las promesas electorales de los demócratas Hillary Clinton y Barack Obama, que quieren poner fin a la guerra rápidamente. Tan amargo es el balance del segundo conflicto armado más duradero de la historia de EU que la ex secretaria de Estado Madeleine Albright consideró "la mayor catástrofe de la política exterior estadounidense, peor que Vietnam".

La justificación de la guerra de Iraq, las armas de destrucción masiva, demostró ser una farsa; la visión de democracias florecientes en el mundo islámico, una ilusión, y las esperanzas de estabilidad en Cercano Oriente, una quimera.

Como vencedor regional de la guerra podría considerarse Irán. Nada menos que su presidente, Mahmud Ahmadineyad, fue recientemente recibido en Bagdad por la cúpula iraquí con una gran cordialidad y una alfombra roja.


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