Un cura perseguido por sus ideas

Leonardo Boff, quien dejó los hábitos de padre franciscano en 1992, aunque sigue siendo una referencia dentro de ese movimiento de la Teología de la Liberación. Boff conoce en profundidad y en persona a Josef Ratzinger, el papa Benedicto XVI. Desde que lo convocó al Vaticano y lo sentó en la misma silla que siglos atrás ocupó Galileo Galilei cuando fue juzgado por la Santa Inquisición. En aquella ocasión, Ratzinger, ordenó a Boff guardar “obsequioso silencio” en castigo por su libro Iglesia, carisma y poder, luego de un “angustiante interrogatorio en la sala de 150 metros del Santo Oficio”.

| 16 marzo 2008 12:03 AM | Informe Especial | 544 Lecturas
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Boff señala que el legado de Juan Pablo II es complejo y debe ser interpretado a la luz de un pontificado muy extenso. “Encuentro que frente a la Teología de la Liberación tuvo una actitud casi persecutoria. Pero en el Papa hay dos fases. En la primera, cuando todavía existía el imperio soviético, actuaba radicalmente contra nosotros porque nos imaginaba como el caballo de Troya del marxismo”.

“El Papa no quería al marxismo y con razón, por su experiencia con el estalinismo.”, indica Boff, quien añade que en la segunda, ante el capitalismo salvaje, el pontífice tuvo una actitud más comprensiva hacia la Teología de la Liberación.


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