Sarkozy en su hora más negra

Nicolás Sarkozy cree que la mejor defensa es el ataque y por ello culpa a los detractores de la reforma de la jubilación por las denuncias de corrupción que lo envuelven y pueden terminar con sus afanes de reelección. “La reforma es esencial para reducir el déficit público y la deuda nacional y evitar que Francia entre en una espiral de deuda similar a la de Grecia y Portugal”, declaró hace pocas horas.

Por Diario La Primera | 15 jul 2010 |    
Sarkozy en su hora más negra
(1) Ya nadie le cree al presidente Nicolás Sarkozy. (2) El ministro de Trabajo Eric Woerth trabaja para la millonaria Liliane Bettencourt.
El presidente conservador naufraga en medio del descrédito y la corrupción en pleno aniversario de Francia.

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DETALLES

Según el diario Le Nouvel Observateur, los Bettencourt entregaron también 30.000 euros a Eric Woerth en la sede parisina de la UMP en septiembre del 2006, unos meses antes de la elección presidencial.

En una nota, calificada de confidencial, el administrador Patrice de Maistre aconseja a André Bettencourt que se los hagan llegar en cuatro cheques, dos firmados por él y los otros dos por su esposa, Liliane, para no sobrepasar el límite de las donaciones legales.

Se cita concretamente el «acuerdo» de Eric Woerth y se habla de «Financiación UMP, NS», en clara alusión a las iniciales del aspirante al Elíseo, el ahora presidente Sarkozy.

El conservador que fue electo presidente con el 53,06 % de los votos atraviesa el momento más crítico de su gestión, debido a las denuncias de una desconocida contable que desestabilizó los cimientos del Elíseo y acaparó las páginas políticas del país más culto del mundo.

“Nunca, nunca, me acusaron ante la justicia en los 35 años que estoy en política”, sostuvo Sarkozy en una entrevista en la que nadie le preguntó directamente si recibió dinero para su campaña de la millonaria Liliane Bettencourt.

Pese a que Sarkozy prefirió mantener silencio en estos días, su imagen fue portada de diarios y noticieros, debido a las acusaciones y a un dato histórico de las encuestas: es el presidente más impopular de Francia de las últimas tres décadas.

Todo comenzó cuando Claire Thibout, contable de la mujer más rica de Francia, declaró al periódico digital Mediapart que Liliane Bettencourt financió al partido de Sarkozy, la UMP, con fondos ilegales. Con esa declaración, obligó al mandatario a hablar ante la nación dos días antes de la fecha nacional para defenderse de las acusaciones.

El presidente se sintió aliviado luego que Thibout rectificara unas declaraciones a Mediapart que lo involucraban con la receptación de dinero de la millonaria desde que ejercía la alcaldía del poderoso distrito de Neuilly, junto con otros políticos conservadores. “Yo nunca he dicho que Sarkozy recibiera regularmente sobres”, rectificó la contable, pero insistió en la entrega de dinero para la campaña. Al día siguiente, Sarkozy exclamó a los suyos: “Yo ya estoy fuera de esa historia”.

La denuncia concreta es que la Unión por un Movimiento Popular (UMP) se benefició de 150.000 euros de los fondos de la millonaria para su campaña electoral de 2007. La denuncia terminó por hundir aún más al presidente en las encuestas. Hoy, dos tercios de los ciudadanos están descontentos con él.

Derecha íntegra
El hombre que generó el mito de una derecha íntegra y regenerada, el que llamaba al sacrificio a los franceses y que clamó por el desmantelamiento de los servicios públicos y la reforma del sistema de pensiones, ahora debe enfrentar los cargos que pesan contra él y su gobierno.

Las grabaciones del mayordomo de la familia Bettencourt revelaron que Florence Woerth, la mujer del ministro de Trabajo, Eric Woerth, trabajaba para Bettencourt, quien, a su vez, regentaba una isla entera en las islas Seychelles y dos cuentas en Suiza sin declarar. Algo que Woerth nunca descubrió como ministro de Presupuesto y menos como tesorero de la UMP, cargo al que va a renunciar.

El ministro asegura que la acusación es falsa, pero pocos le creen, Su gran aval es el respaldo presidencial, pese a que existen voces en el oficialismo que reclaman el cambio de gabinete; o como las de Jean-François Copé, jefe de la mayoría conservadora, que exigen explicaciones públicas.

Pero desde el primer momento, Sarkozy quiso esquivar el bulto. “¡Qué época esta, que se fija más en el que crea el escándalo que en el que trabaja!”, dijo. Pero no bastaron sus palabras, al contrario, agitaron más el ambiente. Martine Aubry, secretaria del Partido Socialista, respondió severamente: “Estamos ante una crisis moral”.

Las grabaciones del mayordomo no dejaron santo con corona y en ellas hasta aparece el nombre del fiscal de la República, Philippe Courroye, a quien se critica por su favoritismo presidencial. Pese a ello, las investigaciones en curso en torno del caso Bettencourt están a cargo de la Fiscalía y no de un juez de instrucción. En esas condiciones, es difícil predecir en qué terminará el escándalo.

Hay voces que acusan al presidente y pueden terminar liquidándolo. Aunque el informe de la Inspección General de Finanzas (IGF), indica que Woerth no cometió abuso de poder ni intervino para favorecer fiscalmente a la heredera de L’Oréal, lo cierto es que pocos le dan crédito, con su esposa de por medio.

“El señor Woerth, durante el periodo en que era ministro de Presupuestos (entre mayo de 2007 y marzo de 2010), no intervino ante los servicios que estaban bajo su autoridad para pedir, impedir u orientar una decisión o control sobre la señora Bettencourt”, señala el documento oficial, redactado para el alivio presidencial.

Fortalecido por estos informes, Woerth pretende comparecer ante la justicia “lo más rápidamente posible” para dar su versión de los hechos y desmontar los argumentos de quienes le acusan de irregularidades. En una entrevista con la emisora de radio ‘Europe 1’, Woerth dijo estar “enormemente aliviado” por el resultado del informe y que “necesitaba las conclusiones” tras haber recibido una “avalancha de insultos”.

Congelación del gasto
El escándalo reventó a las pocas semanas que Sarkozy encargara a su primer ministro Francois Fillon la tarea de comunicar a los franceses la congelación del gasto público durante los próximos tres años, lo que incluye reducciones presupuestarias, en sectores como Educación, Sanidad, Cultura y Servicios Sociales.

El anuncio mereció el repudio ciudadano luego que se conociera el derroche de los fondos públicos por parte de altos funcionarios que se vieron obligados a renunciar. Los secretarios de Estado, Christian Blanc y Alain Joyandet, debieron dejar los cargos por pagar 12.000 euros por unos habanos y 116.500 euros en un viaje a Martinica.

De allí la indignación pública al conocerse la entrega ilegal de fondos para la campaña oficial, porque involucra al hombre que desde la derecha prometió regenerar la actividad pública. Tras el escándalo, se elevó la popularidad de la secretaria general del PS, Martine Aubry, y de la heredera de la extrema derecha, Marie Le Pen.

Los analistas creen que si Sarkozy insiste en que las denuncias en su contra forman parte de una “campaña orquestada” con el propósito de desestabilizar al gobierno, tiene las de perder en un país en que entre 1988 y 2003 se votaron seis leyes para poner coto a la captación de fondos ilícitos.

La ley francesa establece que los partidos se financian con fondos públicos y que las donaciones privadas no pueden exceder los 7.500 euros por persona y año o 4.500 por candidato y campaña. La ley prohíbe las donaciones de empresas. El “caso Bettencourt” desnuda los estrechos lazos entre élites económicas y poder político.

Ahora que se alista la campaña previa para las presidenciales y las legislativas de 2012, las críticas arrecian. La socialista Aubry dijo que la izquierda está lista para gobernar y “reparar Francia tras tres años de sarkozysmo”. La semana pasada, un sondeo reveló que ella le ganaría a Sarkozy, con un discurso que habla de la defensa de las jubilaciones, de nuevos servicios públicos y de planes de empleo juvenil con fondos públicos, un discurso contrario al oficial.

En medio de la crisis, la UMP perdió el domingo un escaño de diputado en la circunscripción de Rambouillet, -que tradicionalmente vota a la derecha-, a manos de la candidata ecologista Anny Poursinoff, apoyada por la izquierda.

En cuanto al tema de las jubilaciones, pocos creen que los franceses acepten la propuesta de dos sujetos involucrados con una multimillonaria. Pero si Sarkozy retrocede en la reforma se quedará sin propuesta para cerrar la brecha fiscal.

El presidente afirma que las acusaciones son “una calumnia, una campaña” para desacreditar a su gobierno que se esfuerza por modernizar al país. “Cuando realizas reformas... molestas a cierta cantidad de personas”, dijo en la entrevista televisiva.

Pero su discurso está cuestionado. “Nada parece socavar su determinación de defender el pacto sellado hace tres años entre el poder y el mundo financiero”, afirmó el Partido Comunista Francés (PCF), para el que la reforma es un “gran corte de manga a la mayoría de los franceses”.

Por Efraín Rúa
Editor Mundo

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