Santa Bárbara: la justicia dinamitada

Hace 19 años una patrulla del Ejército asesinó a quince personas, entre adultos y niños, en una mina conocida como “Misteriosa”. En su intento por desaparecer las pruebas, los militares volaron con dinamita los cuerpos. Recién el próximo 6 de julio comienza el juicio contra el principal acusado.

Por Diario La Primera | 27 jun 2010 |    
Santa Bárbara: la justicia dinamitada
(1) Peritos encuentran zapato de una niña. (2) Cirilo Osnayo perdió a toda su familia.
CONSTRUYENDO MEMORIA

Más datos

Las víctimas
Relación de las víctimas identificadas de la masacre de Santa Bárbara:
- Francisco Hilario Torres, campesino de 60 años de edad.
- Dionisia Quispe Mallqui, campesina de 57 años de edad.
- Antonia Hilario Quispe, campesina de 31 años de edad
- Magdalena Hilario Quispe, campesina de 26 años de edad.
- Mercedes Carhuapoma de la Cruz, campesina de 20 años de edad.
- Ramón Hilario Morán, ganadero de 26 años. Era el líder de su comunidad.
- Dionisia Guillén de Morán, campesina de 24 años de edad.
- Alex Jorge Hilario, menor de 6 años de edad.
-Yesenia Osnayo Hilario, niña de 6 años de edad.
- Héctor Hilario Guillén, niño de 6 años de edad.
- Miriam Osnayo Hilario, niña de 3 años de edad.
- Wilmer Hilario Guillén, niño de 3 años de edad.
- Raúl Hilario Guillén, niño de 8 meses de edad.
- Roxana Osnayo Hilario, niña de apenas 8 meses de edad.
- Helihoref Huamaní Vergara. Pastor de 21 años de edad, ex recluta del Ejército.



“Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”

José Saramago, premio Nobel de literatura 1998



DETALLE

En junio de 1991 el gobierno decretó el Estado de Emergencia en Huancavelica. Miembros del Ejército ingresaban a las casas de los pobladores y robaban sus pertenencias y ganado, llegando en algunos casos a cometer asesinatos y violaciones sexuales. Además, en la zona de Santa Bárbara continuamente se producían incursiones de elementos de Sendero Luminoso que también cometían asesinatos y robos, de tal manera que los pobladores se encontraban entre dos frentes.

El 25 de junio de 1991 el campesino Cirilo Osnayo Tunque salió de su casa en la comunidad de Santa Bárbara (Huancavelica) y se fue a la provincia de Acobamba para trabajar, porque era tiempo de cosecha. Mientras recolectaba cereales y papas que pensaba convertir en chuño, un contingente militar llegó a su comunidad buscando terroristas. Cirilo tuvo un mal presentimiento y retornó de inmediato a su casa. Había escuchado que los militares estaban cometiendo abusos contra los campesinos. Nunca imaginó que el 4 de julio encontraría una terrible escena de terror al llegar a su pueblo.

Su casa estaba en llamas, su familia no estaba, su ganado tampoco. Otras casas también habían sido asaltadas. “Cirilo, toda tu familia no está”, le dijo un primo suyo. “Cirilo, a toda tu familia se la llevaron amarrada”, le dijo una anciana. No estaban su esposa Antonia Hilario Quispe (31), su cuñada Magdalena Hilario Quispe (25), su suegra Dionicia Quispe Malqui (59), sus hijas Yesenia (6), Miriam (3) y Roxana (de apenas 8 meses de edad). Los pobladores relataron que los soldados entraron la madrugada del 4 de julio de 1991 a las viviendas, golpearon a los hombres, ultrajaron a las mujeres y arrestaron a 15 supuestos terroristas, incluida la familia de Cirilo.

Los autores de estos actos, integrantes de la patrulla “Escorpio”, habían salido dos días antes de la Base Militar de Lircay, en ejecución del operativo “Apolonia”, bajo el mando del teniente Javier Bendezú Vargas. Las 15 personas detenidas fueron llevadas a una mina abandonada llamada “Misteriosa”, ubicada a 4 horas de la comunidad. A Cirilo le informaron que ahí estaba su familia y volvió a salir corriendo con la esperanza de encontrarlos vivos y poder rescatarlos.

Al llegar a la mina, Cirilo vio una escena que era para volverse loco. Encontró ropa de su familia esparcida, animales muertos, perros ladrando y cartuchos de dinamita ya usados. Cuando se acercó más a la mina encontró más restos de animales y una mano de niña. “Era la mano de una de mis hijitas. Reconocí el cuerpo y su ropita… la mitad del cráneo, un brazo. Otros restos estaban intactos y todo era un bulto. También había un muchachito enterito, sin estar destrozado, al que sólo le metieron bala”, contó Cirilo a LA PRIMERA. A su esposa también la reconoció por la ropa y el mandil que llevaba puesto.

Los militares habían usado primero fusiles FAL para acribillar a los detenidos y luego emplearon dinamita que tomaron de la mina para desaparecer los cuerpos, que eran las pruebas de sus crímenes. “Esa misma noche los deudos fuimos a la Fiscalía Provincial de Huancavelica, para cambiar la denuncia los hechos, porque los dirigentes de mi comunidad ya habían denunciado, pero como desaparición y no como asesinatos”, señaló Cirilo.

En Huancavelica el fiscal les dijo que era muy difícil llegar al lugar donde estaban los restos porque ahí “no llega la carretera”. Cirilo y los familiares de otras víctimas insistieron y propusieron utilizar los caballos que quedaron con vida para llevar a las autoridades judiciales hasta la mina. Pero el fiscal nunca llegó a Santa Bárbara para realizar la diligencia judicial y en su lugar aparecieron en la entrada de la mina unos miembros del Ejército que no vestían uniformes militares. Ellos retuvieron en una casa abandonada, desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde, a las personas que fueron en busca de los restos de sus familiares. Alrededor de las 3 de la tarde escucharon otro estallido. Los soldados volvieron a dinamitar el socavón y los cuerpos que antes eran fáciles de reconocer tras la detonación casi ya no existían.

A partir de ahí Cirilo encabezó una búsqueda incansable de respuestas. Recién el 18 de julio de 1991 las autoridades del Ministerio Público y del Poder Judicial lograron llegar hasta la mina “Misteriosa” y recogieron algunos restos que encontraron para estudiarlos y determinar las identidades. El informe preliminar del médico legista indicó que se trataban de restos humanos. Una investigación policial sobre los hechos señaló que 19 piezas de restos recogidas fueron enviadas a Lima para sus respectivos análisis, pero hasta la fecha se desconocen los resultados.

Sin respuestas, Cirilo no tuvo miedo de reclamar en plena dictadura fujimorista. Buscó ayuda para encontrar los restos de sus familiares en la mina “Misteriosa”, pero lo único que encontró fue la ofensiva de quienes no querían que la verdad se conozca. El 2 de agosto del año 1992 Cirilo fue detenido por efectivos de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (Dincote).

“Gente del Ejército quería llevarme con ellos, pero gracias a Dios que no me entregaron porque qué hubiera sido de mÑ Yo sólo buscaba a mi familia, que me la arrebataron sin piedad”, cuenta Cirilo, quien, en represalia por sus constantes denuncias contra miembros del Ejército, fue acusado de planear actividades terroristas y lo sentenciaron a 20 años de cárcel.

Su caso fue conocido por la Asociación Paz y Esperanza, cuyos representantes intentaron que Cirilo sea beneficiado con un indulto, pero su expediente desapareció de manera extraña y tuvo que esperar a que en un nuevo proceso la justicia lo declare inocente para poder salir en libertad. “Dios es tan grande que a la hora de la nueva sentencia los magistrados me absolvieron, hicieron justicia, porque yo fui injustamente acusado. Los jueces me pidieron disculpas y me mandaron a mi casa, pero igual yo había pasado 11 años, 7 meses y 14 días en la cárcel. Ese tiempo nadie me lo devolverá. Sólo espero que llegue la justicia para mis familiares”, indica Cirilo, tras confesar que en prisión intentó suicidarse tres veces.

Una vez libre, Cirilo retoma su lucha en la Fiscalía y los tribunales. Consigue lo inimaginable. En noviembre del año 2009 las autoridades iniciaron el proceso de exhumación en la mina donde fueron asesinados y volados los restos de sus familiares. Los peritos encontraron fragmentos de ropas, cráneos y dinamita. La exhumación se tornó compleja y fue extendida hasta marzo último. En esta nueva búsqueda fueron encontrados también 25 casquillos de bala, la ropa y los zapatitos de la hija de 3 años de Cirilo. Además de la ropa de sus otras hijas, su cuñada y su esposa. También fueron encontrados los restos de un feto de aproximadamente seis meses. Su cuñada estaba embarazada cuando ocurrió la masacre.

En un hecho inusual, luego de una investigación ordenada por el Comando Conjunto de la Fuerza Armada, el 16 de octubre de 1992 el Consejo de Guerra Permanente de la Segunda Zona Judicial del Ejército expidió sentencia contra los responsables de la matanza de Santa Bárbara, por delitos de función, con el propósito de evitar la competencia del fuero civil. Los sentenciados posteriormente fueron beneficiados con la Ley de Amnistía en 1995.

Sin embargo, el entonces sargento Óscar Carrera Gonzáles, quien también participó de la masacre en Santa Bárbara, fue el único procesado en el fuero civil y condenado a 8 años de cárcel al ser hallado responsable de cometer el delito de extorsión, mas no por los delitos de desaparición forzada y homicidio.

Esta sentencia fue anulada cuando el caso llegó a la Corte Suprema. Esta instancia ordenó que se realice un nuevo juicio a Carrera, el cual comenzará el próximo 6 de julio, 19 años después de ocurridos los hechos. Según explicó a LA PRIMERA el abogado Milton Campos, de la Asociación Paz y Esperanza, que patrocina a Cirilo Osnayo, la defensa de los deudos buscará que los principales cargos sean valorados esta vez por el nuevo tribunal y así Óscar Carrera, cuyo abogado es César Nakazaki, quien también patrocina al ex dictador Alberto Fujimori, reciba una pena mayor. En Huancayo, donde realiza algunos trabajos eventuales, Cirilo Osnayo recibió la noticia del inicio del nuevo juicio. “Volveré esta semana a Lima para declarar contra los militares que me quitaron todo lo que tenía”, lamentó.

Marcelo Puelles
Redacción

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