San Clemente se levanta y echa a andar

Frente al desastre del terremoto del 15 de agosto de 2007, la respuesta solidaria significó una semilla de esperanza para los afectados que lo habían perdido todo. San Clemente, en Ica, va saliendo adelante gracias a su experiencia de organización, motivado por la fe, por la certeza que no todo está perdido. El terremoto develó una vez más la crudeza de la pobreza en que vivían y su experiencia demuestra que, cuando creemos que somos débiles, es que somos fuertes y avanzamos en la reconstrucción, en la recuperación de la vida, en la resurrección.

| 16 marzo 2008 12:03 AM | Informe Especial | 715 Lecturas
San Clemente se levanta y echa a andar
(1) Los feligreses de San Clemente se recuperan con fe. (2) Hombres y mujeres trabajan codo a codo para salir adelante. (3) Trabajo voluntario, base de la reconstrucción.
El trabajo de la Parroquia de San Clemente, codo a codo con los damnificados, es un ejemplo de solidaridad cristiana.

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Sin cámaras, micrófonos ni rimbombantes anuncios, la parroquia y los feligreses de San Clemente han dado una lección de todo lo que puede lograrse con la solidaridad y el trabajo en común, para reponerse de la tragedia causada por el terremoto.
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San Clemente es un distrito de Pisco situado a ambos lados de la carretera. Es una zona marginal en la que se asienta una población de 30,000 personas aproximadamente, con un número significativo de familias desplazadas en los años de violencia política. Las viviendas, en su mayoría, son de adobe; por eso se cayeron con el terremoto.

La Parroquia “San Martín de Porres”, a través del Consejo Pastoral, luego del primer momento de temor, dolor y desconcierto, buscó dar respuesta a lo ocurrido, con una acción organizada. El ámbito parroquial cuenta con siete sectores. Lo primero que se hizo fue realizar un censo de ollas comunes y, en algunos sectores, un censo de viviendas.

Al inicio la atención estuvo concentrada en atender a más de 140 ollas comunes que surgieron. En algunas ocasiones las religiosas llevaron los víveres a las coordinadoras de las ollas comunes, pues se oponían a las formas de distribución existentes y caracterizadas por largas colas y duplicidad de ayudas. Se propuso a la Municipalidad sectorizar el distrito para distribuir los víveres. La parroquia asumió dos sectores con 30 ollas comunes. La distribución de la ropa y frazadas que llegaban se hacía mediante reparto directo, intentando llegar a los que más necesitaban.

Luego se realizaron reuniones con lideresas que querían proyectar algo diferente para las familias y por otro lado se mantuvo encuentros con jóvenes animadores de Catequesis Familiar, quienes, inquietos por la situación de los niños (sin clases), se organizaron para acompañarlos y trabajar con ellos contando con el apoyo de las religiosas de la Conferencia de Religiosos del Perú, y las psicólogas voluntarias que por esos días los acompañaban.

Zully Rojas, religiosa peruana de las hermanas Dominicas del Rosario, expresaba a menos de un mes del terremoto: “Agradecemos los gestos de solidaridad de nuestro pueblo para con San Clemente y continuamos aquí gozando, también, al vivir esta experiencia de solidaridad y de trabajo colectivo de muchos integrantes de la parroquia y de los mismos pobladores”.

A tres meses del sismo, la parroquia continuaba dando apoyo en diversos campos. Desde la Comisión de Salud se ejecutaron campañas para la población, a cargo de los médicos cubanos. Los comedores seguían recibiendo el apoyo de Cáritas del Perú, en los víveres, y de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), en la formación, así como de personas generosas que apoyaban económicamente. Para este momento, la parroquia atendía a diez Comedores Populares de 200 beneficiarios cada uno.

Gracias a la solidaridad, proseguía también la entrega de módulos de casas prefabricadas. Cáritas del Perú entregó módulos de vivienda que fueron armados comunitariamente. Para ello CEAS coordinó el I Taller para que el pueblo pisqueño acuerde qué tipo de reconstrucción desearía.

Una buena noticia sucedió el 7 de octubre, pues se firmó el Acta de Apertura del nuevo colegio “Fe y Alegría” Nº 68. El 18 del mismo mes se aprobó por unanimidad la donación del terreno (ex estadio municipal) a esa institución educativa. En noviembre se realizó la pre-matrícula, para luego gestionar las plazas de docentes ante la Dirección Regional de Educación.

María José Castro


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