Prospera urbanización de la pobreza

Los señores de la gleba han retornado a las ciudades de América Latina y el Caribe. La globalización y el libre flujo de capitales han generado exclusivas zonas residenciales y lujosos megacentros comerciales, mientras en las zonas rurales quedan los campesinos más viejos, desheredados de sus parcelas, hambrientos, analfabetos y cubiertos de harapos, porque gran parte de sus pobladores partieron a rodear las urbes para laborar en servicios menores y con paupérrimos salarios.

Por Diario La Primera | 27 set 2008 |    
Prospera urbanización de la pobreza
(1La ciudad pasa por un modernismo tardío que ha quebrantado el paisaje urbano. (2) La globalización ha generado exclusivas zonas residenciales.

La urbanización de la pobreza es una de las características de las últimas décadas. El libre comercio ha puesto en vitrina el duro contraste de la vida humana. Los ejecutivos de las transnacionales gozan de ingresos anuales que oscilan entre 250 mil a 400 mil dólares. Para ellos, los imprescindibles servicios de portería, trabajo doméstico, peluquería, sastrería, conductores de autos, seguridad policial, mensajería, entre otros, significan jornales exiguos, que no pasan de dos a tres euros por día.

En décadas pasadas hubo programas de vivienda cuya infraestructura de servicios se hacía con mano de obra de los pobladores pobres, alentados con proyectos de participación política y social. Esto no sucede con las capas medias y altas que gozan de instalaciones de agua potable, alcantarillado y calles con jardines, cuya ejecución y mantenimiento está cargo de los municipios o del Estado central.

Mayor migración
Los procesos de pacificación en Centroamérica, Perú y aún pendiente en Colombia, sólo han producido mayor marginación y migración hacia las capitales.

Las ciudades con sus sistemas arquitectónicos, sociales e ideológicos entrecruzados son lo que los hombres se hacen a sí mismos. Para los sectores de altos y medios ingresos, América Latina es un apacible territorio que ofrece clima, playas, paisajes y atención personal a precios de regalo, mientras que las ciudades niegan a las mayorías las posibilidades de una mínima integración.

Si a principios de los noventa, Latinoamérica tenía unos 400 millones de habitantes, casi igual a la de Europa, hoy ésta cuenta con más de 550 millones de personas, más un diez por ciento de migrantes en los primeros centros económicos del orbe.

Las urbes han dejado de ser puntos de encuentro de la economía nacional para convertirse en partes de un sistema internacional, que ya afecta, inclusive, a las clases altas tradicionales. Sólo la acción de un Estado eficiente podrá alentar la redistribución y la protección ambiental, indispensable para la estabilidad política y gobernabilidad de los países.

Para dejar de soñar
América Latina y el Caribe están más cerca de su propio Real Estate Investment Trust (REIT) que los propios residentes de EEUU, Europa y Asia. Corresponde a los gobiernos y a los bancos ofrecer información clara y constante para que las personas dejen de soñar en la casa propia, como efecto de que el mercado resuelve todo.

Los REIT son instrumentos de inversión que ya no ofrecen confianza, dada la crisis inmobiliaria y crediticia que nació en EEUU y se extiende inevitablemente a todo el planeta. Sería ingenuo pensar que no llegue a las ciudades de América Latina, como lo soslayan algunos gobernantes desde Lima, Bogotá o México.

Las remesas hacia América Latina de quienes trabajan en el exterior superan los 60 mil millones de dólares anuales. Es una suma tan similar o más alta que la inversión empresarial extranjera. Estos recursos atienden las necesidades básicas de familias que fueron desplazadas por la privatización o desactivación de las empresas públicas y la desaparición de la emergente industria local. Las remesas también sirven para la adquisición de inmuebles, aprovechando la reactivación de los créditos hipotecarios. Pero es muy probable que esa cadena financiera sea quebrantada.

En El misterio del capital, publicado en 2000, el economista peruano Hernando de Soto sostenía que el acceso al crédito es una poderosa fuerza para el desarrollo que no se ha utilizado lo suficiente. Pero a medida que aumenta la gama de servicios financieros disponibles en América Latina, crece el peligro de una mala utilización. El negocio financiero en general opera recibiendo depósitos de corto plazo y prestando dinero a largo plazo y un interés mayor. Y en las “corridas bancarias”, el público suele retirar masivamente sus depósitos.

Cada vez más intensa
La urbanización de la pobreza se ha intensificado debido a la democratización y descentralización. En los últimos veinte años las ciudades intermedias han asumido funciones para atraer, generar y retener actividad empresarial. Pero la inversión en infraestructura local es cada vez más deficitaria.

La masiva autoconstrucción encuentra ahora severas restricciones económicas. Persiste un mayor control de las autoridades para impedir nuevos asentamientos, obligando el hacinamiento.

Se ha gestado una nueva geografía económica. El centralismo trasciende las fronteras nacionales y la antigua división Norte-Sur y surge una geografía política paralela. El nuevo centralismo une los principales centros financieros y comerciales internacionales: Nueva York, Londres, Tokio, París, Frankfurt, Amsterdam, Los Angeles, Sydney y Hong Kong, entre otros. Esta geografía también incluye hoy a Sao Paulo, Buenos Aires, Bangkok, Taipei, Beijing y Ciudad de México.

Las ciudades que son sitios estratégicos de la economía global tienden, en parte, a desconectarse de su región. Las zonas céntricas de las ciudades y las metrópolis comerciales absorben inversiones masivas en bienes raíces y telecomunicaciones. Los trabajadores con buena formación incrementan sus ingresos en forma desusada, mientras disminuyen los ingresos de los trabajadores medianamente calificados. Es el caso de Lima, cuyo centro financiero es San Isidro con un eje residencial en zonas enrejadas de La Molina, Surco y San Borja.

Modernismo tardío
Por cierto que esta división es muy endeble en Latinoamérica, cuya economía depende fundamentalmente de la exportación de recursos naturales con nula o escasísima transformación. Las pocas manufacturas, la minería y la agricultura estimulan el aumento de la demanda de servicios para productores, pero la ciudad pasa por un modernismo tardío, que ha roto el paisaje urbano.

Han aparecido edificios de veinte y treinta pisos, en áreas donde hasta hace una década vivían contadas familias. La falta de agua, transporte masivo, y la confluencia de costumbres y orígenes sociales distintos, provocan relaciones conflictivas entre vecinos. Este es un nuevo desborde demográfico que aún no encuentra saludables soluciones de conjunto.

En América Latina casi el 80% de su población total vive en ciudades cada vez con mayores dificultades de vivienda. Sólo cuenta con medio centenar de urbes, entre las cuales cinco figuran entre las veinte más pobladas del mundo: Sao Paulo, México, Buenos Aires, Lima y Caracas. Las ciudades con sus sistemas arquitectónicos, sociales e ideológicos entrecruzados son lo que los hombres se hacen a sí mismos. Son lugares de trueque de palabras, de deseos, de recuerdos. Y hoy están más divididas, fragmentadas, segmentadas, situación que suele atribuirse a la adopción de los modelos económicos neoliberales.

Se han desarrollado espacios de riqueza y opulencia, verdaderos enclaves con megacentros comerciales que ofrecen objetos suntuarios, y a donde las masas acuden sólo para soñar despiertos y recordar sus lejanas comarcas, aunque, vale destacar, la emergencia de un sector desde la economía informal, cuyos productos aplacan las exigencias de los más necesitados.

“Queremos ciudades más amables”
Jorge Arturo Figueroa

En el Perú se está gestando un movimiento por el cuidado de las ciudades a partir de los once mil arquitectos que han sido desplazados de sus funciones tradicionales. “Hay que encontrar un punto medio para corregir los aspectos derivados de la acelerada urbanización y densificación”, propone Javier Sota, el ex ministro de Educación y nuevo decano del Colegio de Arquitectos, al señalar que la sociedad latinoamericana, y en especial la peruana, atraviesa una etapa crítica de su historia física, sólo comparable al inicio del proceso de invasiones que a mediados del siglo pasado cambiaron el funcionamiento y carácter de nuestras ciudades.

“Queremos buscar con las autoridades del Gobierno Central, Regional y Local el justo medio donde sea posible respetar los derechos de los propietarios, inversionistas y vecinos para hacer nuestras ciudades más amables para sus habitantes y evitar el impacto perverso en otros poblados y paisajes rurales, y en la calidad de vida de las comunidades”.

“Preocupa la calidad de la obra nueva en contextos históricos monumentales y en zonas rurales, que son el preciado destino turístico en un mundo cada vez más contaminado por infraestructura, por lo que la gente desea cada vez más la naturaleza virgen”.

La desaparición de los concursos públicos de los proyectos arquitectónicos ha anulado oportunidades de creatividad y se ha expuesto al país a la acción de autoridades locales, que malentendiendo sus funciones, contaminan visual y estéticamente la urbe con monumentos, alegorías y edificaciones que responden a sus privadas apreciaciones, funcionales, simbólicas y estéticas y no a un proceso cultural colectivo. Sin recurrir a la nostalgia improductiva, cabe recordar la activa presencia que los arquitectos tuvieron en la década del sesenta en el diseño y planificación de las urbes.

Jorge Zavaleta
Colaborador


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