Pizango, el hijo ausente

El papá de Alberto Pizango no tendrá en este “Día del Padre” el abrazo de su hijo, el líder amazónico, pero tampoco se lamenta y más bien está orgulloso de la lucha que envió al dirigente al exilio en Nicaragua. El patriarca y otros familiares de Pizango hablaron con LA PRIMERA, en una visita de nuestros enviados especiales a Yurimaguas.

Por Diario La Primera | 21 junio 2009 |  1.5k 
Pizango, el hijo ausente
(1) Don Alberto (padre), Wagner, Olga (hermanos) y los hijos de esta. (2) El patriarca de los Pizango defiende la lucha de su hijo.

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“Mi hijo ha crecido como debe crecer un niño, como dice la gente mestiza, no malcriadamente. Era tranquilo, un niño obediente. Así ha crecido él.“
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El patriarca
Don Alberto Pizango (65), padre del líder indígena y patriarca de la familia Pizango, aparenta una edad mayor de la que tiene, mientras insiste en ser fotografiado con su indumentaria shawi y su lanza respectiva, como un homenaje a sus hermanos de raza que acaban de librar una protesta que ha costado mucha sangre y sacrificio.

Hallar el hogar paterno del líder selvático no fue difícil, sólo tuvimos que encontrar a un mototaxi, de los muchos que circulan en Yurimaguas, y pedir al chofer que nos deje en el barrio de Aguamiro, en la casa de los Pizango, donde encontramos a don Alberto. No habla español; sólo su lengua materna: el shawi; por lo que su hijo Wagner, maestro bilingüe, debe traducir las palabras paternas.

“Mi hijo no tiene armas. No ha portado armas en ningún momento. Mi hijo ha querido reclamar nuestros justos derechos. Cuando ven a los hermanos indígenas con la lanza, es sólo como una costumbre de nuestros ancestros. Ellos la llevan para la defensa o la caza, no es para utilizarlas contra las personas. Sólo en caso de agresión, de repente puede usarse, pero es más que todo un atuendo, un distintivo”; traduce Wagner.

Asimismo, Wagner asegura que don Alberto acusa al Ejecutivo de haber causado las muertes en Bagua y afirma que su hijo es inocente de las acusaciones en su contra. Basta con observar sus expresiones faciales y gestos para notar el orgullo paternal inmenso que don Alberto siente por su hijo asilado. Por ello, no dudamos de la traducción improvisada que su otro hijo realiza para nosotros.

“Mi hijo ha crecido como debe crecer un niño, como dice la gente mestiza, no malcriadamente. Era tranquilo, un niño obediente. Así ha crecido él. Quizás porque ha tenido esa capacidad intelectual, mi hijo está ahora como está. Si no hubiera estudiado qué sería de él, estuviera ahora en su cuarto y no estaría así como está. Por ser un niño inteligente se ha hecho lo que es ahora: un hombre profesional y defensor de su pueblo”, dice el patriarca, en orgullosas palabras que Wagner traduce.

Espera que Alberto vuelva pronto de su exilio nicaragüense y que el gobierno retire los cargos con los que le ha iniciado juicios por graves delitos, y sobre todo que siga el mismo camino de liderazgo y lucha por los pueblos amazónicos, con la que el patriarca de los Pizango se identifica plenamente

No tuvimos oportunidad de entrevistar a doña Luz Emérita Chota (55), madre de Alberto, pero Wagner nos cuenta algo muy curioso de ella: es trilingüe. Ella hablaba shibilo por enseñanza de sus padres y aprendió a hablar shawi con don Alberto en Balsapuerto, y perfeccionó su español cuando se asentó en Yurimaguas, luego de separarse de don Alberto.

Doña Luz no quiere hablar, por la desconfianza y la discreción que caracteriza a las mujeres de su pueblo, aunque sus otros hijos y los vecinos dicen que está igualmente orgullosa de la actitud de Alberto Pizango.

La compañera y los hijos
Sonia Hunape, quien con menos de 40 años de edad ha compartido 20 años de su vida con Alberto Pizango, también se niega a declarar y hasta atender a los periodistas. Sonia administra una bodega modesta en el barrio de Aguamiro junto a sus cuatro hijos: José Luis (19), José Carlos (17), Luis Alberto (10) y Anui Wisua (3), de quienes en estos días es padre y madre y que tampoco tendrán hoy una fiesta del “Día del Padre”, por la ausencia de su progenitor.

Tampoco los hijos son muy accesibles y dirigentes locales nos dicen que prefieren callar porque están amenazados para que no hablen y no son partidarios de la exposición mediática. Sólo José Luis, el primogénito del líder indígena accede a hablar, aunque con mucha reticencia.

“Mi mamá y mis hermanos estamos tranquilos. Todo está bien”, dice José Luis, quien nos responde a regañadientes, pues podemos notar que ha recibido directivas precisas, por parte de su progenitora probablemente, de rechazar cualquier tipo de preguntas referentes a su padre, mientras sus hermanos menores nos observan divertidos y con curiosidad desde la bodega familiar.

“No les puedo decir más, como les vuelvo a decir y recalcar”, señala cortante, sin confirmar o descartar la versión de que la policía amenaza y acosa a los Pizango desde que se dictó la orden de capturar al dirigente amazónizo.

Los hermanos Pizango Chota
Quien sí aceptó declarar brevemente con LA PRIMERA es Olga Pizango (42), la hermana menor de Alberto, no sin antes resistirse al acoso periodístico, que en las últimas somanas la ha asediado en forma casi insoportable. Lo primero que nos dice es que su hermano es inocente de las acusaciones del gobierno y de las que provenienen de ex dirigentes de Aidesep, como la ex tesorera de esa asociación, Soledad Fasabi, quien lo acusa de lucrar con los fondos que Aidesep recibe del exterior de instituciones no gubernamentales interesadas en fortalecer al movimiento indígena como elemento de defensa del ambiente y de la Amazonía.

“Esas son mentiras porque él no se ha criado con ambición de dinero. Sus paisanos lo eligieron a él y lo han reelegido nuevamente por eso. Mis padres están bien dolidos por todo esto, como todo padre. Todos los apoyamos desde acá y esperamos que tenga valor. En la tierra juzgamos nosotros, pero en el cielo Dios es el que lo va a juzgar”, manifiesta.

Asimismo, la hermana menor de los Pizango Chota nos cuenta que los cuatro hermanos nacieron en la comunidad de Irapay, distrito de Balsapuerto (Alto Amazonas), y que, tras la separación de sus padres se trasladaron a Yurimaguas para iniciar sus estudios de primaria y secundaria. Asimismo, Olga nos informa, apenada, que sólo han tenido comunicación telefónica con su hermano y la última vez que conversaron personalmente fue hace más de seis meses, cuando Alberto vino a Yurimaguas a visitar a la familia.

“La última vez que lo vimos fue por televisión, un viernes (el día de la masacre de Bagua), cuando dio una conferencia de prensa en Aidesep”, refiere.

Para nuestra sorpresa, Wagner Pizango (43), el hermano maestro de Alberto, no tiene reparos en conversar con nosotros y nos relata, con una sonrisa, la forma en que los hermanos Pizango Chota lograron estudiar y profesionalizarse a pesar de las adversidades económicas.

“Mi madre nos dio a luz en Irapay. Cuando ya hubo esta separación familiar, mi mamá nos hizo llamar a nosotros a Yurimaguas. Aquí, hemos crecido juntos. O sea nos hemos acostumbrado con la gente mestiza. Aquí mi hermano (Alberto) ha estudiado, yo también”, dice.

Wagner nos cuenta que él y Alberto estudiaron juntos durante la primaria en el colegio 6280 de Aguamiro, y la secundaria en el Colegio Nacional “Monseñor Atanasio Jáuregui Goiri”. Recuerda que sus compañeros “mestizos” de carpeta solían burlarse de ellos y discriminarlos por sus facciones indígenas y por sus juegos infantiles poco comunes para los niños de ciudad.

“Cuando jugábamos con mi hermano, la gente nos veía y nos decía ‘mira a esos huansatitas’, ‘esos cholitos’. Yo me acuerdo bien, en la escuela nos discriminaban. Pero demostrábamos en el estudio y sacábamos 18 ó 20. Yo con mi hermano teníamos buenas notas y éramos alumnos sobresalientes. Tengo hasta diplomas”, relata.

El hermano menor de Alberto se dedica a la enseñanza bilingüe en las comunidades nativas, tal como su hermano solía hacerlo antes de ser dirigente, y que ambos estudiaron la carrera de educación en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP), ubicada en Iquitos.

“Hemos entrado a trabajar como maestros bilingües desde quinto año de secundaria. En ese tiempo, necesitaban docentes y tenían que cubrir con personal de secundaria. Desde entonces nos hemos preocupado en profesionalizarnos. Mi hermano ya tiene su bachillerato. Yo soy docente en la escuela de mi pueblo, Irapay”, afirma.

Wagner nos explica que Alberto llegó a ser el líder de Aidesep luego de haber ocupado el cargo de presidente de la Federación de Comunidades Nativas Chayawitas y, después, el de coordinador general de la Coordinadora Regional de Pueblos Indígenas (Corpi), organización ligada a Aidesep.

“En Aidesep hay un reglamento que dice que todos los que han sido coordinadores pasan a una elección, y ahí mi hermano ha sido elegido. Todas las nacionalidades indígenas lo han elegido”, refiere.

El hermano mayor de los Pizango, Remigio (45), es arquitecto y no pudimos conocerlo porque, según Wagner, está hospitalizado por una fractura ocasionada por un accidente de trabajo en Irapay.

Leonardo Caballero / Textos
Guillermo Venegas / Fotos
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